El debate de las ideas es, sin duda, uno de los ejes esenciales de la democracia. Esta realidad insoslayable adquiere aún más relevancia cuando está de por medio la elección de quienes nos van a representar en cargos ejecutivos o legislativos. Pese a ello, lo cierto es que el planteamiento y contraste de propuestas han estado ausentes de las precampañas para la Presidencia de la República en nuestro país.

Inmersos en la diatriba, el insulto, el chascarrillo y la descalificación, los candidatos –todos sabemos que ya lo son, aunque se les llame “precandidatos”– se han olvidado de comunicarle a la ciudadanía cuáles son sus puntos de vista acerca de los problemas más preocupantes de la nación y, por supuesto, cómo proponen enfrentarlos. Nada de eso hay en sus discursos. Apenas, si acaso, unas cuantas ideas superficiales y, para colmo, desarticuladas.

Si analizamos tanto sus mensajes vertidos en mítines y reuniones programadas dentro de sus giras –los cuales recogen cotidianamente los noticiarios televisivos y radiofónicos–, así como los espacios propagandísticos, que incluyen spots en medios electrónicos y desplegados en periódicos y revistas, tenemos que afirmar que por lo general son vacuos y mezquinos.

Por parte del PAN y la coalición Por México al Frente, percibimos a un candidato permanentemente alterado y agresivo, despotricando sobre todo contra el PRI, con argumentos simplones y sin planteamientos claros y factibles sobre lo que haría en caso de llegar a la Presidencia, por ejemplo, en materia de corrupción e impunidad.

Por su parte, Andrés Manuel López Obrador, fundador, dirigente y candidato de Morena, no pasa de sus ya conocidos clichés desbordantes de autoritarismo y de ocurrencias disparatadas por irrealizables, y hasta de gracejadas intrascendentes dirigidas contra sus dos contendientes.

A su vez, el candidato del PRI, José Antonio Meade, si bien parece más maduro y ecuánime y hasta moderado en sus críticas, tampoco ha aprovechado a plenitud los espacios de divulgación para formular sus postulados frente a los grandes problemas y retos del país.

No me referiré por el momento a los promocionales de cada uno de ellos, que hasta la fecha me parecen similares, sin contenido, carentes de sustento y ayunos de una conceptualización bien jerarquizada de temas, prioridades y aspiraciones.

Ya vendrán los debates y esperemos que cuando los candidatos estén frente a frente elijan rebasar el nivel de los denuestos para hacer planteamientos concretos, sólidos y viables.

Porque hasta ahora no tenemos nada claro pese a que ya habría sido tiempo de que se diferenciaran entre ellos y mostraran con qué recursos cuentan para ser mejores candidatos y, sobre todo, mejores gobernantes.

Al país le urge elevar el nivel y capacidad de sus políticos para salir de la corrupción y la violencia que carcomen a la sociedad mexicana.

Esperemos que de verdad se aproveche esta oportunidad para tomar las cosas en serio y ofrecer propuestas factibles y eficaces.

Sobre el autor

Martha Chapa

Martha Chapa

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En nuestra cultura han existido mujeres de enorme talento y fina sensibilidad, por lo que las artes plásticas no han sido la excepción y entre ellas siempre brillará la pintura de Frida Kahlo como también la de María Izquierdo o Cordelia Urueta. Dentro de esa dimensión, la de artistas mexicanas que decidieron ser pintoras, se inscribe Martha Chapa, quien también ha generado una gran obra, con significativos reconocimientos, dentro y fuera del país. Su imaginación y fina sensibilidad abarcan diversos temas, texturas y materiales, aunque en casi todas sus pinturas aparece como icono central, esa legendaria fruta que es la manzana. Ella la eligió seguramente porque aprecia en este fruto su condición de testigo presente de los orígenes de la humanidad. En su búsqueda, lo mismo pinta óleos que dibuja e incursiona en la gráfica, y en años más recientes, plasmando su talento sobre láminas viejas, oxidadas, carcomidas, que rescata de su etapa final para recuperarlas e infundirles nueva vida y belleza. Día a día, con sus pinceles emprende la travesía de la imaginación y esboza una manzana: aquella que fascinó a Eva, la que perdió a Atalanta o la que hipnotizó a Cezane y hasta la que empieza a crecer en el árbol del paraíso, a sabiendas de que una manzana puede ser todas las manzanas. Cada vez que tiene frente a sí un lienzo, lo aborda con sensibilidad, talento, pasión y vitalidad para sembrar ese fruto que apuntala la vida, refuerza el amor a la tierra y acrecienta el disfrute estético. Ratifica así que el arte conlleva elevados valores en nuestra sociedad y en la construcción de ese ser humano pleno, sensible y generoso que todos deseamos como ideal y esperanza para enfrentar el futuro. Martha Chapa, originaria de Monterrey, Nuevo León, inicia su trabajo artístico en la década de los sesentas Son ya 300 exposiciones individuales y un sin fin de colectivas, las que ha realizado en México, Europa, Estados Unidos y diversos países del Caribe, Centro y Sudamérica. Asimismo ha incursionado en la escultura y en el arte objeto. De su enorme creatividad surgen mágicamente lo mismo montañas, magueyes, colibríes, que búhos, guadalupanas y abstractos, entre otros muchos temas de sus pinturas. Su trabajo e imaginación se extiende también meritoriamente a través de una importante obra gastronómica pues ha publicado ya 32 libros, en especial sobre la cocina mexicana, además de artículos periodísticos en diversos medios de comunicación y como conductora de la serie “El sabor del Saber”, en TV Mexiquense Una artista de dimensión internacional, que convierte a Martha Chapa, en todo un valor de nuestra cultura contemporánea, con ya 4 décadas de destacada trayectoria dentro de la plástica mexicana, y con múltiples homenajes y reconocimientos, dentro y fuera de nuestras fronteras. Una destacada mexicana y talentosa creadora, comprometida con el arte y la cultura contemporánea.

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