Un verdadero centro académico y cultural de primer nivel es el que tiene la Universidad Autónoma Metropolitana en la Casa Rafael Galván. Se trata de una bella y amplia casona –construida en 1912 y catalogada como monumento artístico por el Instituto Nacional de Bellas Artes– en el mejor estilo porfirista de la emblemática colonia Roma. Ahí se celebran cotidianamente variadas, interesantes y provechosas actividades.

El centro de educación y extensión universitaria Casa Rafael Galván tiene como director al destacado comunicólogo, periodista y especialista en temas culturales Eduardo Cruz Vázquez, quien al poco tiempo de haberse hecho cargo de este centro cultural comenzó a dar buenos resultados, que están a la vista.

En efecto, ahí lo mismo se realizan encuentros importantes en el ámbito de la academia, que actividades culturales muy atractivas, como el programa para conmemorar a la célebre escritora tabasqueña Josefina Vicens o, días atrás, la exposición de una original ofrenda de muertos que simulaba un panteón con criptas de personajes de las letras, el periodismo y la cultura popular que fallecieron en este 2015.

Y apenas hace unos días en este hermoso sitio se rindió un justo homenaje a Enrique Velasco, destacado maestro fundador de la Universidad Autónoma Metropolitana y comunicador, con motivo del primer aniversario de su lamentable deceso.

En ese acto participaron, entre otros, el propio Eduardo Cruz, así como Alejandro Ordorica, mi compañero, quien fue amigo y compañero de Enrique durante muchos años. Le correspondió a Alejandro, quien conoció de sobra los méritos del homenajeado, hacer un recuerdo entrañable y pormenorizado de su trayectoria en los medios de comunicación, la academia y el servicio público, siempre en defensa de la democracia y las libertades, sobre todo de la libertad de expresión.

Otro integrante de la cofradía, Raúl Navarro, recordó con gran emoción a nuestro amigo, quien fue fundador del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (Grecu); sin embargo, no se extendió en su intervención pues comentó que Alejandro ya había abordado los principales temas que él habría preparado, y de manera inesperada le cedió la palabra a Jovana Domínguez, quien fue pareja de Enrique durante más de cinco años. Ella narró una mágica vivencia que había experimentado a través de una mariposa cuya presencia interpretó como un mensaje que su compañero ido le enviaba, lo que la llevó a buscar sus diversas representaciones en las culturas; fue muy emotiva su intervención. Después hablaron también sus hijos Enrique y Ana.

Me puse a evocar, entonces, a este gran amigo que nos dejó hace un año, el 4 de noviembre. Lo recuerdo con mucho cariño, siempre junto a su radio portátil, escuchando hora tras hora el acontecer del mundo a través del cuadrante. Cualquier tema que se abordara con él inevitablemente derivaba en una conversación acerca de la problemática y retos de la radio, a veces hasta con giros jocosos.

Tuve el gusto de conocer a Enrique hace casi una década y, la verdad, muy poco tiempo después me invadió ese aprecio y estimación que muchos sentíamos por él, pues su trato bonachón y solidario le concitaba enseguida el afecto de los demás. Tanto respetábamos su trabajo que Alejandro y yo enseguida estuvimos de acuerdo en invitarlo a colaborar en el área de producción de nuestro programa El Sabor del Saber, que desde 2006 se transmite semana a semana por TV Mexiquense (canal 34, 134 de cable y 146 de Sky). Así que, para nuestra satisfacción, Enrique se integró a nuestro equipo casi desde sus inicios y estuvo en él seis años, durante los cuales mostró su amplia experiencia, capacidad y profesionalismo.

Entre el público presente en el homenaje que se efectuó hace unos días en la Casa Rafael Galván estuvieron amigos que apreciaron esta fórmula muy humana que era el sello distintivo de Enrique, quien en su modestia nunca hizo alarde de su trabajo, pero en los hechos cambió, para bien, el destino de muchos a su alrededor, incluidos no pocos de sus alumnos.

Y, bueno, debo decir que para Enrique no todo era el trabajo de producción. También amaba la música y las motos y era un sistemático coleccionista de radios de diferentes épocas. Además –y ese fue uno de sus atributos principales– fue un creyente fervoroso en la amistad.

Vaya, pues, mi mayor aprecio y reconocimiento para el buen Enrique Velasco. Lo recordaremos siempre con agradecimiento por todos sus méritos y aportaciones.

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Sobre el autor

Martha Chapa

Martha Chapa

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En nuestra cultura han existido mujeres de enorme talento y fina sensibilidad, por lo que las artes plásticas no han sido la excepción y entre ellas siempre brillará la pintura de Frida Kahlo como también la de María Izquierdo o Cordelia Urueta. Dentro de esa dimensión, la de artistas mexicanas que decidieron ser pintoras, se inscribe Martha Chapa, quien también ha generado una gran obra, con significativos reconocimientos, dentro y fuera del país. Su imaginación y fina sensibilidad abarcan diversos temas, texturas y materiales, aunque en casi todas sus pinturas aparece como icono central, esa legendaria fruta que es la manzana. Ella la eligió seguramente porque aprecia en este fruto su condición de testigo presente de los orígenes de la humanidad. En su búsqueda, lo mismo pinta óleos que dibuja e incursiona en la gráfica, y en años más recientes, plasmando su talento sobre láminas viejas, oxidadas, carcomidas, que rescata de su etapa final para recuperarlas e infundirles nueva vida y belleza. Día a día, con sus pinceles emprende la travesía de la imaginación y esboza una manzana: aquella que fascinó a Eva, la que perdió a Atalanta o la que hipnotizó a Cezane y hasta la que empieza a crecer en el árbol del paraíso, a sabiendas de que una manzana puede ser todas las manzanas. Cada vez que tiene frente a sí un lienzo, lo aborda con sensibilidad, talento, pasión y vitalidad para sembrar ese fruto que apuntala la vida, refuerza el amor a la tierra y acrecienta el disfrute estético. Ratifica así que el arte conlleva elevados valores en nuestra sociedad y en la construcción de ese ser humano pleno, sensible y generoso que todos deseamos como ideal y esperanza para enfrentar el futuro. Martha Chapa, originaria de Monterrey, Nuevo León, inicia su trabajo artístico en la década de los sesentas Son ya 300 exposiciones individuales y un sin fin de colectivas, las que ha realizado en México, Europa, Estados Unidos y diversos países del Caribe, Centro y Sudamérica. Asimismo ha incursionado en la escultura y en el arte objeto. De su enorme creatividad surgen mágicamente lo mismo montañas, magueyes, colibríes, que búhos, guadalupanas y abstractos, entre otros muchos temas de sus pinturas. Su trabajo e imaginación se extiende también meritoriamente a través de una importante obra gastronómica pues ha publicado ya 32 libros, en especial sobre la cocina mexicana, además de artículos periodísticos en diversos medios de comunicación y como conductora de la serie “El sabor del Saber”, en TV Mexiquense Una artista de dimensión internacional, que convierte a Martha Chapa, en todo un valor de nuestra cultura contemporánea, con ya 4 décadas de destacada trayectoria dentro de la plástica mexicana, y con múltiples homenajes y reconocimientos, dentro y fuera de nuestras fronteras. Una destacada mexicana y talentosa creadora, comprometida con el arte y la cultura contemporánea.

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