Acabo de ver una serie que me hizo reflexionar mucho sobre los recientes acontecimientos y las dificultades de ser adolescente: de las cosas que dicen, de las cosas que hacen, de donde poner atención y en que momento es importante pedir ayuda, tanto para ellos como para los que estamos a su alrededor. En las últimas semanas el tema de “los Porkys” vuelve a llamar la atención. Justo, por estas mismas fechas hace un año es que se presentó la demanda en Veracruz por agresiones y abuso a una menor de edad. Muchas preguntas que se hicieron en ese entonces y, se continúan haciendo, son sobre ella, sobre la víctima. Si debería o no haber tomado tanto; si se subió o no debería de haberse subido; si gritó o permaneció callada; si pidió ayuda, si dijo no. Todas sus acciones fueron puestas en duda. Hace unas semanas esas mismas preguntas se presentaron en las redes sociales sobre la demanda civil de Tamara de Anda, a alguien que le gritó “guapa” en la calle, ella presentó una demanda civil, curiosamente ahorita que lo pienso no sabemos el nombre del agresor, lo que ha permanecido como una tendencia es el nombre de ella, y una serie de descalificaciones para ella. En ningún momento nadie se ha detenido con él a preguntarle ¿Porqué le gritaste eso? ¿Qué esperabas que sucediera?

Así, con un hecho que parecería un “juego”, es que comienza la serie de Netflix, inspirada en el libro “13 razones de porque” de Jay Asher. Hannah Baker (Katherine Langford) es una chica de prepa que se incorpora a una nueva escuela. Comienza a salir con uno de los “chicos populares” y, lo que se supone que podría ser el inicio de su vida sentimental se va convirtiendo en un infierno. No es tan evidente para muchos, pero para los que pasamos la adolescencia, o sea todos, hay situaciones con las que nos podríamos sentir identificados –no saben cuanto agradezco que no hayan existido las redes sociales tecnológicas cuando yo lo era-, hay algo de esa otra vida que no alcanzamos a visualizar los más grandes porque no crecimos con ellas, porque ellas se han amoldando a nosotros y no nosotros a ellas, nuestras vidas no dependen de lo que digan de nosotros, creo que hasta cierto grado eso ha permitido que Tamara o Las Esteriotipas, puedan salir adelante de todas las amenazas que leen en sus historiales. Pero, ¿qué sucede con las generaciones más jóvenes? Así, esa simple primer “travesura” se convierte en una especie de herpes, que rasca para poder quitar pero que se esparce más hasta que consume todo, hasta la vida. La línea entre cool y “puta” en las mujeres puede parecer tan fina, pero una vez que se cruza parece que no hay vuelta atrás y que al romperse le da derecho a todos de poder hablar y opinar acerca de ellas.

Lo que más me asusta es que todo esto ocurre en ambientes donde las personas, se supone, se deberían de sentir protegidas, en lugares donde pasan más tiempo, como las escuelas, donde los padres dejan a sus hijos con la seguridad de que nada malo les tendría que suceder, en teoría, donde se supone que hay adultos especializados para ayudarlos a salir adelante; como los maestros o los orientadores y, sin embargo, es ahí donde se da la mayor parte del abuso: en las miradas de los compañeros, en listas incómodas, en papelitos que vuelan en el salón o en su continuación, en los celulares que vibran casi al mismo tiempo para compartir momentos vergonzosos de otras personas y que continúan en la casa, otra vez, otra frontera tan frágil que no somos de definirla.

La serie toca temas en verdad muy fuertes, sin ningún tipo de miramiento nos fuerza a ver no una sino dos violaciones; sí, porque resulta que es un crimen de recurrencia y quien lo hizo una vez lo más seguro es que lo vuelva a hacer. Así, que podría estar casi casi segura que los llamados “Porkys” no era su primera vez que hacían un acto de “hermandad masculina”: compartir a una mujer como se comparte una cerveza; al fin de cuentas, en casi todas las veces resulta más traumático para las víctimas denunciar que el propio acto, ya que evitan las preguntas ¿porqué traías minifalda? ¿Porqué lo viste de esa manera? ¿Porqué te pintaste los labios? ¿En serio, no querías? ¿Porqué no huiste?. Así, en la mente los jóvenes racionalizan: le dije un piropo y no pasó nada, la manosee y no pasó nada, le metí los dedos y no pasó nada –o pregúntenle al juez Anuar Gónzalez Hemadi y su jurisprudencia pre-perspectiva de género-, la penetro y no pasa nada… y, continuar sin darse cuenta que TODO, hasta el más pequeño detalle cambia en ellas y en ellos. Ella pensará en ese momento cada que alguien más la toqué, aunque sea con su consentimiento, y él pensará que es normal tener relaciones con chicas casi inconscientes.

El último tema controversial es la presentación de un suicidio. Sin nada romantizado, de ver como cae el agua y que la cámara se aleje, no nos enseña una muerte bonita, es dolorosa y se sufre, no solamente para quien la comete, sino también para los que están a su alrededor. Hace mucho tiempo leí una nota en la que si se publicaban fotos de un suicidio la tasa de suicidios aumentaba, porque pareciera que es una toma, no se plantea lo que sucede antes ni después, no hay una personalización de la muerte, así que lo que permite la filmación es hacer una recreación, en la que vemos sus lágrimas, en la que escuchamos ese momento en el filo de la navaja penetra la piel, en el que sus papás la encuentran. En un país como Estados Unidos donde la segunda causa de muerte entre adolescentes es el suicidio y, en México es la tercera, es importante poner el dedo en la llaga y hablar de eso.

Es fundamental que esta serie la veas con tu hija o hijo, que se tomen momentos de reflexión, que te platique como se siente, que no des por sentado que ella – él entenderá las cosas, que le preguntes. Es una serie que es importante que la vean los hombres, que sepan lo que les ocurre a las mujeres cuando publican algo inadecuado, cuando dicen algo hiriente, que se conviertan responsables de sus actos. Es una serie para que los papás formen mejores seres humanos, capaces de percatarse de su importancia en el mundo, de que todos los actos tienen consecuencias, unas más evidentes que otras, que no deben de participar, ni difundir esas imágenes. Es una serie para que la vean los maestros y orientadores, para que presten atención en los detalles, para que puedan actuar y desarrollen mejoras en sus tácticas de acercamiento y corrección. Es una serie para que lo vean las autoridades y psicólogos para que piensen en mejores formas de educar, de prevenir. Es una serie para que la vean “Los Porkys” del mundo. Me hubiera gustado saber más que sucedía después, pero obviamente como en la vida, las cosas no terminan de un golpe, las consecuencias de esos actos continuarán por mucho tiempo. Por eso, es indispensable que ahora se hable del tema, que ahora tengamos casi una política de “tolerancia cero” hacia algunas acciones, así como Tamara demandó, aunque solo sean demandas civiles, de preguntarnos y leer todos los indicios, tal y como lo presentan los videos de Las Esteriotipas, hay veces que la ayuda no se presentan con una interrogación, se presentan con pequeños detalles. Lo que nos deja de reflexión esta serie es justamente ser capaces de ver esos detalles y tomar medidas al respecto. De tomar el ejemplo de Ema Watson y de Selena Gomez de levantar la voz por estas causas.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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