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Desfile del Día de Muertos; homenaje a los migrantes y a la vida

Los helicópteros ya sobrevuelan Paseo de la Reforma, la histórica avenida que conecta al majestuoso Castillo de Chapultepec con la parte central de la Ciudad de México, a ella, van congregándose poco a poco familias, y con ellas, niños pequeños, algunos en brazos, otros en carriolas y otros más, que van caminando de la mano de alguno de sus padres.

Los abuelitos caminan despacio, tal vez ajetreados por el bullicio que la gente provoca, no es para menos, la avenida es un gran salón de fiestas al aire libre, lentamente va llenándose de más familias. Algunas parejas de novios caminan en busca de un lugar para observar lo que ahí está a punto de ocurrir, muchos de ellos disfrazados de espeluznantes monstruos, personajes de películas de terror modernas, incluso, es gracioso ver a algunas mascotas disfrazadas.

Algunos vendedores ambulantes sortean el gentío ofreciendo desde máscaras, periscopios, estos artefactos elaborados con cartones de leche y unos espejos que podrán permitir ver más de cerca la alegoría que pronto iniciará., otros ofrecen, frituras, maquillajes de Halloween, impermeables. Los asistentes ya se colocan arriba de las banquetas en una suerte de “valla humana”, los papás cargan en “segundo piso” a los más chicos, los más astutos pudieron subir a los techos de las paradas del Metrobús, algunos otros, en los árboles y estatuas de personajes de la historia nacional.

Solo faltan unos minutos para que inicie la fiesta adelantada del Día de Muertos. Y es que los mexicanos somos así, fiesteros, que nos burlamos de la muerte, que dejamos a un lado la solemnidad y misticismo que la representa, la calle en pocos minutos se convertirá en todo un carnaval multicolor.

La fiesta que está por comenzar no es otra cosa, que el Desfile de Día de Muertos, el evento que ha sido capaz de reunir a más de un millón de asistentes y que en esta ocasión cumple con su tercera edición desde 2016.

El tumulto de gente aguarda impaciente la cuenta regresiva que dará comienzo al magno festival callejero, en tanto, el cielo nublado amenaza con soltar las primeras gotas de lluvia, de pronto, a lo lejos, un contingente de personajes ataviados con ropas negras y unas coloridas y grandes letras que forman la frase La muerte es un viaje, inician una procesión, el reloj marca justamente las 4 de la tarde y la fiesta ha comenzado.

Catrinas y catrines caminan alegres desde la Estela de Luz en donde se ha colocado un improvisado arco que simboliza el paso al inframundo o Mictlán, según la mitología mexica, el “lugar de los muertos”.

El pasado prehispánico hace su aparición en un carro alegórico que recrea una pirámide perteneciente a la cultura azteca, esto recrea a fundación de la mítica ciudad de Tenochtitlan, grandes colibríes hacen su recorrido y emocionan a más de un asistente, gritos de festejo y aplausos aumentan cada vez más el bullicio.

Es imposible caminar sin antes tropezar o empujar para esquivar la masa de gente que se arremolina en distintos puntos con el fin de ver pasara los carros alegóricos, el frio del viento pronostica que el desfile se celebrará con lluvia, pequeñas gotas vuelven a hacer su aparición, amenazan con empapar al centenar de personas que observan sonrientes el desfile.

Unas balsas, hombres con arcos, representan la migración de los pueblos aztecas hacia la gran urbe de Tenochtitlan. Un escenario móvil realiza la representación de la leyenda de los volcanes, Popocatépetl e Iztaccíhuatl.

Unas enormes carabelas, en total tres, anuncian el capítulo de la Conquista española, donde algunos hombres interpretan a los europeos que llegaron a tierras mexicanas para explorar y conocer sus riquezas.

Justamente, el tema central del magno desfile es la migración y con esto inicia el sub-segmento Los que llegaron para quedarse. Algunos actores representan diferentes fenómenos históricos relacionados a la migración.

Más adelante aparece un contingente que representa a la migración africana que llegó a alojarse y que vinieron con sus propias tradiciones y costumbres, dioses y mitologías, el colorido grupo baila animosamente al compás de música tradicional veracruzana.

Impresionantes tortugas y ballenas gigantes que van flotando emocionan a los asistentes, estas majestuosas figuras hacen un homenaje a todas las especies que pueblan los mares y las tierras mexicanas.

La música, elemento vital para engalanar esta fiesta no deja de sonar durante el transcurso del evento, incluso, la gente baila sin importar que la lluvia se aproxima cada vez más.

Los periscopios parecen hacer una formación, siempre buscando enfocar el mejor ángulo de visión para aquellos que están hasta atrás de la valla humana y no pueden disfrutar totalmente el espectáculo.

Y como si de un show del circo chino se tratara, un dragón anaranjado hace su aparición, recorriendo de un lado a otro la calle de la gran avenida de la ciudad, a su paso, la belleza del estado de Puebla engalana el desfile monumental con las chinas poblanas.

Detrás de ellas, las mariposas monarcas, emblema de la migración de estas especies que viajan grandes kilómetros desde Canadá hasta Michoacán, donde finalmente se asientan, un fenómeno migratorio excepcional.

Y es que la migración en México es un fenómeno social (y de especies), en el que los individuos se desplazan hacia otros lugares o países para conseguir una mejor calidad de vida, cruzando las fronteras divisionales entre países.

El exilio causado por la Guerra civil española es homenajeado también con un carro alegórico que hace una digna representación de este episodio, los personajes sonríen mientras que, arriba de unas cajas de madera, saludan a los asistentes que corresponden de la misma forma.

Por fin la lluvia cae, en ocasiones el sol regresa y parece que se compadece de los que están disfrutando de la gran fiesta. El público busca resguardarse con sus paraguas, otros, mejor continúan la marcha hacia el centro histórico.

Ciudad refugio, donde se retrata el contraste de México a través de sus diferentes etapas históricas y sociales, y que han servido para cobijar a la población migrante.

Catrinas y catrines, ataviados con coloridos trajes, una novia y grandes calaveras perfectamente decoradas, contagian de risas a niños y adultos.

El desfile de Día de Muertos celebra la vida, a las tradiciones, más que a la muerte misma, esto es parte de la segunda etapa del evento La muerte en la vida.

Los contingentes avanzan por la Glorieta de la Diana Cazadora, la Glorieta de Colón y antes el Ángel de la Independencia.

Pero es en el Hemiciclo a Juárez donde la masa de gente imposibilita el tránsito a pie y entre empujones de niños, ancianos adultos, el contingente festivo se acerca cada vez más a su destino final: el Zócalo de la Ciudad de México.

El culto a la muerte es una de las últimas representaciones que avanzan por la Avenida Juárez. Un majestuoso Tzompantli multicolor dirige su marcha lenta pero imponente, ese monumento, que más bien es un altar de cráneos de las personas que morían sacrificados y que explica el inicio del culto a la muerte, sirvió de base para el desarrollo de la gran Tenochtitlan.

El Tzompantli celebraba a la vida, incluso, más que la muerte, porque en aquellos tiempos los hombres tenían que adorar a sus deidades y alimentarlos en ofrendas, condición necesaria para que la vida siguiera su caudal.

Precisamente son dos deidades que se alzan hermosas para celebrar a la vida y a la muerte, los señores del Mictlán: Mictecacihuátl y Mictlantecuhtli y con ellos un colorido Xoloscuintle, el mítico perro que seguramente nos ayudará a cruzar el lago del inframundo.

Pero no se puede dejar de lado a las figuras más representativas del mundo artístico; una enorme Frida Kahlo recostada sobre una cama avanza al ritmo de la música tradicional, lo mismo hace una catrina de Chavela Vargas, pero sin duda, lo que puso a bailar fue el homenaje de Celia Cruz, que a ritmo de salsa recordó al público que “la vida es un carnaval.”

La Plaza de la Constitución con todo y su mega ofrenda, es el último lugar donde concluye el magnífico desfile, que por tercer año consecutivo logró reunir a miles de mexicanos dispuestos a disfrutar la festividad más importante de nuestro país y es que, lo mismo la disfrutaron niños y adultos y hasta turistas extranjeros, que se maravillaron por el color, la música, la tradición, porque más que culto es una fiesta y los mexicanos somos fiesteros, fiesteros hasta la muerte.

Francisco Javier Colín Tapia

Francisco Javier Colín Tapia

Comunicólogo y periodista, soy egresado de la Universidad Latina, escribo y hago radio conduzco un espacio informativo semanal a través de UnilaFm, el canal oficial de mi casa de estudios, además de ser moderador en debates universitarios. He colaborado en Milenio Diario y en Televisión Educativa. Apasionado de la lectura, el arte, la música y la gastronomía, cinéfilo de corazón, mi misión, ejercer el periodismo con profesionalismo, la noticia se da en todo momento, para ello hay que informar con oportunidad, veracidad e imparcialidad, analizó temas políticos y me interesan aquellos que van relacionados con la defensa de la libertad de expresión, quiero hacer de mi país un mejor lugar para ejercer nuestra profesión.

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