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Desertec: dando luz al mayor proyecto renovable de la historia

Europa es actualmente el mayor importador de energía del mundo y uno de sus principales proveedores es Rusia (que le suministra gas natural y petróleo). En los últimos años un conflicto bilateral de precios de gas entre Ucrania y Rusia ha significado varios cortes de suministro por parte de Rusia (aparte de los conflictos más recientes en el norte de África, como el de Libia que también ha afectado al suministro). Pero lo que en principio era sólo una pelea entre dos países pasó a tener una mayor escala. Parte del suministro de gas procedente de Rusia a la Unión Europea tiene lugar a través del conducto que pasa por Ucrania, así que un corte de suministro a Ucrania afectaría a diversos países europeos si éste se prolongara.

El problema es que el mencionado conflicto bilateral se ha ido repitiendo a lo largo de los años incomodando profundamente, como es de esperar, a la Unión Europea. En vistas de esta situación la UE persigue el objetivo de estabilizar su suministro energético al mismo tiempo que disminuir la inseguridad que suponen los conflictos con Rusia.

Un problema claramente identificado

La Estrategia Europea de Seguridad (EES), aprobada en el año 2003, identifica la dependencia energética como un motivo de especial “inquietud” para Europa. En 2030 se prevé que el 75% del petróleo y gas consumido en la UE sea importado, y proceda de un número reducido de países algunos los cuales con inestabilidad política y social, lo que puede atentar contra la seguridad europea (golfo Pérsico, Rusia y norte de África).

A finales de 2008, la UE publicó un informe sobre la aplicación de la EES en el que recalcaba la necesidad de una “mayor diversificación de los combustibles, de las fuentes de suministro y de las rutas de tránsito”. Además, el informe señalaba el cambio climático como un “multiplicador de amenazas”, debido a que las catástrofes naturales, la degradación del medio ambiente y la competencia por los recursos exacerban los conflictos.

Por otro lado la UE quiere cumplir sus compromisos en materia de cambio climático. En concreto, la Unión se ha fijado el objetivo de consumir el 20% de la energía procedente de fuentes renovables en 2020, y así hacer frente a la amenaza del cambio climático.

Una solución, también identificada

Para abordar los dos problemas mencionados la UE ha identificado la necesidad de construir un mercado energético integrado a nivel europeo, ya que en la actualidad la electricidad y el gas siguen fragmentados por las fronteras nacionales. Pero además, la UE quiere aprovechar otro elemento favorable.

En la actualidad, los paneles solares disponibles en el mercado pueden llegar a tener un rendimiento de hasta el 27%. Esto significa que una instalación fotovoltaica situada en latitudes del sur de Europa podría producir alrededor de 1 kWh/m2. Pero, en el desierto del Sáhara, con menor nubosidad y un mejor ángulo solar, sería posible obtener alrededor de 8,3 kWh/m2, lo que supone una producción sustancialmente mayor.

Así que analizando todo lo que acabamos de describir la UE decidió emprender el llamado Desertec Industrial Initiative (DII), un impresionante proyecto a través el cual prevé convertir la abundante luz solar del desierto del Sáhara en electricidad para Europa. Y esto podría empezar en menos de dos años con un proyecto inicial de una planta solar de 2.000 MW de potencia en suelo tunecino, la energía generada del cual podría llevarse al Norte de Europa a través de un cable submarino que entraría en suelo europeo por medio de Italia allá por 2017.

Seguramente éste es quizás uno de los proyectos más ambiciosos de la historia reciente. Tanto por su extensión geográfica, abarcando desde los países nórdicos hasta los países del África Central y Oriente Medio, como por la magnitud de la inversión prevista, que es de 400 mil millones de euros para el año 2050. Además hay una importante y diversificada participación de actores de diversa índole, desde gobiernos hasta empresas multinacionales. A través de este proyecto, además, se prevé ahorrar hasta 33 mil millones de euros al año en energía importada a través de otras fuentes y lugares.

No sólo Europa sale beneficiada del proyecto

Un informe del Banco Mundial publicado el pasado 29 de septiembre de 2009 aseguraba que los países de Oriente Medio necesitarían entre 75 y 100 mil millones de dólares anuales hasta 2050 para adaptarse al cambio climático y disfrutar del mismo nivel de bienestar que si éste no se hubiera producido.

Además, en la actualidad nos encontramos en una tendencia ascendente del precio del petróleo, -que hoy se encuentra cercano a los 90 dólares. Recordemos que en el año 2008 su precio llegó a trepar por encima de los 145 dólares. A esos precios el consumo mundial de petróleo se vio reducido en 1,5 millones de barriles por día, lo que generó preocupación a los países productores. Así que el encarecimiento del petróleo es uno de los factores desencadenantes de que los países demandantes busquen reducir y diversificar su consumo.

En este contexto los países altamente dependientes del petróleo deben buscar rutas alternativas para sostener su crecimiento económico, así como su mantenimiento ecológico. En este sentido, el proyecto Desertec pretende fomentar la transferencia de tecnología hacia otras regiones, como la de Oriente Medio, y satisfacer tanto la parte de transferencia económica (por medio de tecnología altamente demandante de capital) como buscar alternativas que reduzcan el impacto climático derivado de la explotación de sus recursos fósiles.

¿Cómo se financia un proyecto de tal magnitud?

Financiar y ejecutar un proyecto de esta magnitud no resulta nada fácil. Ni por la cuantía, ni por el objetivo que persigue, ni por la dimensión del proyecto. A modo de ejemplo, el presupuesto de la Unión Europea aprobado para este año 2010 asciende hasta los 141 mil millones de euros, lo que equivale a poco más del 1% de la Renta Nacional Bruta de todos los miembros de la UE. Es decir, que el proyecto Desertec supone más del doble del presupuesto anual de toda la Unión Europea. Eso es mucho dinero. Además, estamos hablando del que podría ser el proyecto más complejo que se está desarrollando en todo el mundo en la actualidad. Y eso requiere disponer del mejor equipo.

De ahí surge la necesidad de la participación del sector privado. En la actualidad 15 empresas multinacionales ya forman parte del proyecto, lo que da señal del interés que suscita el proyecto. Esto no significa que de pronto todos se hayan vuelto ecologistas acérrimos, sino que más bien refleja el potencial negocio que hay detrás de este proyecto sin igual.

Una inversión anual de 10 mil millones de euros durante los próximos 40 años es un gasto mayor que todas las partidas presupuestarias de ciudadanía, libertad, seguridad y justicia y política exterior de la UE juntas. Y cuando hay tanto dinero en juego todas las grandes empresas del sector de la energía, bancario, tecnología, seguros, etc. quieren estar dentro. Sólo hace falta ver algunos ejemplos de las corporaciones que han entrado en el proyecto: Siemens, Deutsche Bank, ABB, E.ON, Abengoa, Enel, Electricité de France, etc. Éstas son algunas de las mayores empresas del mundo en su sector. Así que parece que la financiación, a pesar de la crisis económica mundial, y la expertiz están aseguradas.

¿Quién está detrás de todo esto?

Sobretodo Alemania. Y no es extraño que sea uno de los principales impulsores de esta iniciativa. En el año 2006 la dependencia energética del país germánico (la cantidad de energía que tenía que importar del exterior) era del 61,3%, claramente por encima del promedio de la UE (53,8%). Muy por encima de países como Francia (51,4%) y el Reino Unido (21,3%).

Además Alemania es un país especialmente vulnerable a los conflictos surgidos en relación con las exportaciones de gas ruso, pues ha dependido fuertemente de los suministros de gas procedentes de este país. Así que, los alemanes han dejado claro que buscan un cambio en la política energética, que pasa por una mayor transparencia en el mercado energético de Rusia y por una necesaria diversificación de sus fuentes de energía.

Con tantos desiertos en el mundo, ¿por qué empezar en el Mediterráneo?

En el mundo existe una gran extensión de superfície desértica. Y en este contexto Europa tiene suerte, pues el mayor desierto de todos -el Sáhara- está justo al lado del continente europeo. El proyecto Desertec ha empezado por la región del Mediterráneo por una cuestión de necesidad, disponibilidad de recursos, voluntad política y capacidad de cooperación internacional. Otras regiones del mundo podrían sumarse a la iniciativa pero para que esto suceda sería necesario conseguir los cuatro factores anteriormente mencionados. Recordemos que el Mediterráneo es una región con una tradición de cooperación, como ejemplifican iniciativas como la Política de Vecindad de la UE y el Plan de Acción para el Mediterráneo.

Que el proyecto se replique a otras regiones dependerá de lo que acabamos de comentar en el párrafo anterior, pero sobre todo de una necesidad (y una voluntad política) real de disminuir la dependencia energética con otros países, reduciendo así la vulnerabilidad frente a éstos. A fecha de hoy aún está por ver que el proyecto Desertec realmente pueda avanzar al ritmo planeado, y ya hay noticias de que el objetivo del 20% para 2050 quizás debe replantearse debido a la debilidad económica que vive el continente europeo estos días, lo que se anticipa ya como una ralentización de las inversiones en materia renovable y de despliegue de las redes eléctricas que pueden hacer realidad que el proyecto industrial más ambicioso de la historia tenga lugar en uno de los períodos más débiles para la región europea.

Texto de: http://www.unitedexplanations.org

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