A principios de 2003 y a finales de 2013 se registró un crecimiento económico generalizado en el ámbito mundial, sobre todo por la oferta y demanda de materias primas como el petróleo, metales, alimentos, entre otros. Dicha tendencia también se reflejó en las economías latinoamericanas, especialmente en los países productores y exportadores de petróleo, como México y Venezuela.

A nivel global, se triplicaron los precios del barril de crudo, los precios de los metales y minerales se duplicaron, y los productos del campo alcanzaron un crecimiento mayor al esperado en un 50%.

Actualmente se puede observar que los precios de las materias primas cayeron aceleradamente. El año pasado el precio del “oro negro” se redujo en el mundo a menos del 50%, en comparación del nivel que se registró el 31 de diciembre de 2014, al pasar de 107 a 48 dólares por barril.

Estas caídas tienen un motivo: la llamada oferta-demanda. Por el lado de la oferta, Rusia aumentó su producción de petróleo, al igual que Estados Unidos con su famoso petróleo “shale” o petróleo de lutitas. Una gran determinante también fueron las economías asiáticas en donde sobresalen China y Japón, pues con su actual desaceleración económica han reducido el requerimiento de petróleo.

Ahora bien, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en su informe macroeconómico de América Latina y el Caribe 2015, publicado en marzo de 2015, revela que el crecimiento económico de los productores latinoamericanos de materias primas será en promedio del 1.4 % en todo el año, mientras que en el caso particular de México no será mayor al 0.3%.

Adicionalmente, ante la volatilidad internacional en la caída de los precios del petróleo, muchos países exportadores percibirán menos recursos para sus haciendas públicas, lo que significará una fuerte disminución de sus gastos gubernamentales.

México, en los últimos años, antes de las reformas estructurales, así como de la expedición de la legislación secundaria vinculada, ha dependido y continúa dependiendo de los ingresos que genera el petróleo, los cuales, durante el periodo de enero a septiembre de este año presentaron una baja de 36.7% anual que implicó 319 mil millones de pesos menos que lo recaudada de enero a septiembre de 2014.[i]

Las esperanzas actuales para nuestro petróleo se han reducido debido a la volatilidad de los precios de los hidrocarburos a nivel internacional, por lo que es necesario que se consensen reformas a fondo en materia fiscal con el fin de reducir en un gran porcentaje la dependencia de los ingresos de la hacienda pública al mercado del petróleo, ya que, por ejemplo, si bien los ingresos petroleros disminuyeron en 36.7 % de enero a septiembre de 2015, los ingresos no petroleros crecieron 22.4% anual, lo que significó recursos mayores en 502 mil millones de pesos.

Asimismo, se propone que ciertos impuestos federales internos sean cedidos a las entidades federativas y a los municipios, reestructurando la Ley de Coordinación Fiscal, ya que son estos órganos de gobierno los que satisfacen las necesidades principales de los ciudadanos.

Para finalizar, suponiendo que a largo plazo se cuente con excelentes ingresos petroleros para las arcas del Estado, gracias a repuntes en el mercado de los hidrocarburos, estos deben servir como ahorro y descartar que esta sea una oportunidad para que el gobierno en turno eleve su gasto corriente, pues como bien lo decía Nicolás Avellanada: “los pueblos que olvidan su historia están obligados a repetirla”.

[i] Ingresos petroleros bajan en 36.7%, en tercer trimestre de 2015, Informe del Grupo Financiero Santander.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *