Cuando entramos al cine nos dejamos maravillar y llevar por momentos a otros mundos creados de pura luz. En una sala obscura, la pantalla blanca se presenta como un lienzo capaz de recibir un sinnúmero de historias, tal como una hoja en blanco en muchas ocasiones en la que no sabemos a qué nos vamos a enfrentar y, simplemente vamos de la mano de un contador de historias, de un mago, de un alquimista que nos hace sentir que nos habla solamente a nosotros. Aunque en ese momento estemos rodeados de un centenar de personas, aunque afuera esté una tormenta o el caótico tráfico de una ciudad, aunque el de a lado esté comiendo escandalosamente sus palomitas, no importa, si la historia es buena, nos mantendra con nuestra atención focalizada en la luz, si la historia es mala, hasta los más sencillos defectos cobrarán una amplitud insospechada.

Cuando entramos a una sala de exhibición, en un inicio la experiecia no podría ser más distinta y más desde el surgimiento de “el cubo blanco”. Ese lugar en el cual nuestra atención se centra en las obras por medio de la sanidad de las paredes pulcramente blancas, donde los defectos podrían parecer una cosa obscena y donde pareciera que todo es transparente, nítido y verdadero. Nuestros ojos se vuelven testigos de la “verdad”. Pero con el arte contemporáneo hay una mezcla de los dos mundos. El cubo blanco le ha dado la entrada al dramatismo del cuarto obscuro, y la luz sigue siendo la guía escencial para generar una experiencia de sorpresa y de asombro a una nueva forma de

Este año se han inaugurado tres exposiciones que me hubiera gustado ver dedicadas a la genialidad de tres directores de cine, a los amos y señores del cuarto negro: Cronenberg: Evolution (19 de abril al 7 de julio) en la Galería de la Ciudad de Praga; Guillermo del Toro: at home with Monsters (del 1º de agosto al 27 de noviembre) en el LACMA  y Hitchcock: Más allá del suspense (del 5 de octubre al 5 de febrero del 2017) en Espacio Fundación Telefónica en Madrid. Si en el 2009 Tim Burton se volvió noticia al inaugurar en el MoMA de Nueva York, – coincidiendo con la reina del performance Marina Abramovic y sus 700 horas sentadas en “The Artist is Present”, la hermosa muestra de William Kentridge y la retrospectiva de Gabriel Orozco- su exposición atrajo a un público nuevo para el museo con más de 810,000 visitas y largas filas para poder ver su trabajo, ha sido una de las exbiciones más visitadas del mundo –y la tercera para ser exactos, del MoMA, solamente detrás de la retrospectiva de Picasso en 1980 con 976,800 y de Matisse en 1992 con 940,000-. Así, más 10,700 personas fueron a ver las proyecciones especiales que se realizaron de sus películas y se abrió una nueva clase de exhibición para los museos, que mezcla tanto la magia de la creación única con los gustos de la cultura de masas al encontrar personajes únicos.

Estos creadores son cartográfos y trazan en cada una de sus creaciones una parte nueva de sus mapas mentales, o recordemos la última película de Cronenberg “Mapa a las estrellas” (2014). Gracias a sus inspiraciones que funcionan como instrumentos de guía, comienzan una nueva aventura cada que gritan “¡Acción!”, en ese momento es en el que el ser del director dictaminará su sentencia de muerte para entremezclarse en la creación de una obra única, en la cual, literalmente, uno se sumerge en esa carta espacial y temporal que el otro ha logrado concebir de la forma más racional, pero que a partir de una lectura pop se ha fertilizado tanto los ambientes, como los objetos incluso las personas en un imaginario popular, así, la tierra conquistada por ellos se vuelve un terreno común para cultura popular, que continúa en una constante exploración de esos nuevas posesiones de la psique por generaciones.

Sus territorios son materializaciones de sus mayores preocupaciones de la mente: lo que nos mueve, nuestros deseos, y en algunas ocasiones sus poderes más incontrolables. Cada uno de ellos ha creado sus propios espacios para realizar ese acto mágico de la creación y en estas exposiciones nos comparten ese rayo de luz en un mundo de monstruos, de fantasmas, de tinieblas, donde cada paso es una invitación a profundizar en el suspenso de la mente humana.

En cada muestra se presenta la transformación del cubo blanco para convertirse en santuarios, casi casi de adoración, para estos directores. Nos invitan a transitar por sus habitaciones para descubrir el porqué de cada una de las tramas, de las tomas, de los escenarios, de los proyectos en los que han trabajado más allá del cine; desde la televisión a los cómics; del uso de lo escatólogico -desde el primer retrete enfocado por Hitchcock- a la entomofobia -con los grandes insectos de Cronenberg o de Del Toro-; la carne está enfocada ahí, en los desnudos, pero también abierta como heridas; en estas exposiciones somos testigos de una autopsia, en dos de los casos con la autorización de los directores y con su apoyo, para desmembrar todas las partes ocultas de la creación.

La primera exhibición, inaugurada en febrero de este año, Cronenberg: Evolution es un claro ejemplo de una autopsia creativa. Curada por Piers Handling, CEO del Festival Internacional de Toronto,  y Noah Cowan, director de la San Francisco Film Society, lograron crear tridimensionalmente un acercamiento al discurso del director canadiense más reconocido internacionalmente.  Desde su homenaje en el TIFF en  Toronto en el 2003, al Cronenberg Museum del VirtualMusesum.ca,  se plantea una experiencia cruda de la manifestación de sus ideas. Los bichos en realidad son los sentimientos, las ideas, incluso de otras personas como Burroughs en Naked Lunch (1991), es la necesidad de poder tocar y esculpir cada aspecto, tal y como Santo Tomás, hasta no meter los dedos no puede creer que la máquina de escribir realmente le está hablando. Entrar a un universo extraño donde un bicho gigante te da la bienvenida a una caza de tesoros por diversas bodegas de Los Ángeles o en algunos casos volviéndolos a reproducir.

En el LACMA Guillermo del Toro literalmente mudó su “Bleak House” de los suburbios angélinos al museo. Nos muestra su vastísima colección de pinturas, dibujos, maquetas, artefactos y objetos artísticos inspirados en un sinnúmero de películas, series, cómics, libros y de la vida cotidiana que acompañan a Del Toro en sus procesos creativos constantemente. Entre la inocencia y la redención, su camino ha sido marcado desde que era un niño y tenía que ir en la noche al baño, ante la obscuridad y sus monstruos hizo un pacto con ellos, si lo dejaban llegar al baño sin problemas él dedicaría su vida a honrarlos de la mejor forma que pudiera, así estas honras se han convertido en una estética única que ha compartido al mundo entero: desde sus casos de la Telaraña en los años ochenta hasta su más reciente película Crimson Peak (2015). Del Toro es un entuasiasta en compartir y apoyar la exploración de la magia, del ocultismo, del horror y qué más ejemplo que abrirnos su propio gabinete de curiosidades para explorarlo a conciencia.

Finalmente, la lectura de Alfred Hitchcock podría resultar la más tradicional, si el término cabe. Para el mago del suspenso, este se daba en segundos, unas cuantas notas, unos fotogramas casi azarosos y se tiene a la reina de los gritos: Janet Leigh en Psicosis (1960). Hitchcock entregó a sus personajes femeninos la sofisticación, elegancia, entereza, más allá de un esteriotipo de “rubia” conviertiéndolas en íconos de su tiempo: Madeleine Carroll, Ingrid Bergman, Tippi Hedren y Grace Kelly. Las vistió de los grandes diseñadores del momento Balenciaga o Dior, que reflejaban con unas cuantas líneas su modernidad plástica y arquitectónica en sus creaciones. Por medio de pantallas y proyectores el visitante transita entre las “malvadas” aves de Birds (1963) en lo que te acompaña la voz del creador. Aunque las historias de Hitchcock eran ficción -solamente una está basada en una historia verdadera en “El Hombre Equivocado” (1957)- para este genio, la realidad podía ser más increíble que cualquiera de sus historias, así vemos a una Grace Kelly manejando a toda velocidad por los sinuosos caminos de Mónaco en Para atrapar al ladrón (1955).

No son solamente sobre sus películas, es sobre su forma de ver el mundo, construirlo y transformarlo a través de una mirada comprometida constantemente con su creación. Son un espejo de las negociaciones que se logran al trabajar con un equipo de talentosos técnicos que les permitieron recorrer sus caminos y les permitieron lograr una libertad creativa con los ejecutivos -en muchos casos inimaginable para los estándares del cine-, y así establecer nuevos canones de belleza, de lo sublime, de lo terrorífico, a partir del arte, la cultura de masas, la arquitectura y la moda, donde tal como Hitchcock, de repente, el cameo de Cronenberg se entremezclan con las historias que nos cuentan. Las exposiciones no son sólo el espacio para ver la magia sino se vuelven en un pretexto para revisar la cinematografía de esos genios.

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Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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