La paciencia en el país parece haberse terminado, miles de personas salen a las calles para mostrar el descontento que les genera la actual situación del país, lo hacen de forma ordenada, enérgica y pacífica, pero millones son ya los que hacen protesta en pláticas de café, reuniones, oficinas, trayectos de transporte y en sus hogares, tanto ha sido que se ven muestras de apoyo al pueblo mexicano en todo el mundo.

“Uno de los grandes riesgos que corren los hombres libres es aburrirse de las verdades establecidas. El hastío les proporciona una excusa en los tiempos difíciles para evitar redefinir las cosas con inteligencia e imaginación, o para escudarse en la indiferencia académica o en la imparcialidad científica, en lugar de hacer fecundos los viejos tópicos.”

Así comienza Bernard Crick su libro en defensa de la política, en un esfuerzo por reivindicar las virtudes de la política, como medio civilizador de la actividad humana.

En esencia la política es el reconocimiento y tolerancia a lo ajeno, lo diferente, y a la contribución que tiene esto para la vida con una paz perdurable, esto solo puede entenderse en sociedades que han construido “polis” o “civitas”, que no es más que la politización de los pueblos, el pleno reconocimiento a los derechos y obligaciones que toda persona tiene dentro de sociedades o estados debidamente constituidos y el cómo contribuyen y participan en la toma de decisiones, más allá del voto que emiten en las alecciones de sus representantes.

En México como en casi todo el planeta, este tipo de relaciones se han venido desgastando con la imposición de un modelo oligarca, que privilegia el status quo, desmembrando el tejido social y estableciendo relaciones de complicidad entre autoridades y poderes impuestos a través de la lógica del capital, desviando los fines del Estado.

Esto no es la reproducción en nuestro país de la batalla entre estado y mercado, hay elementos suficientes para deducir que el descontento de la ciudadanía es con ambos, ni estado ni mercado han podido armonizar satisfactoriamente en pro de la preservación de las sociedades de nuestro tiempo, y la ciudadanía quiere formar parte del control y ejecución de los cambios y relaciones que guardan ambos con respecto a su desarrollo.

En el proceso reformador iniciado con el mandato del presidente Peña no se vislumbran aspectos en favor del empoderamiento de la ciudadanía, todas las reformas privilegian el modelo hegemónico pretendiendo que su profundización traiga aparejado la una sociedad empoderada y con derechos plenamente reconocidos.

Pero el discurso muy pronto dio muestras de cansancio, décadas de olvido y sometimiento hoy tienen al Estado en la peor crisis desde el proceso institucionalizador a principios del siglo pasado.

El presidente Peña dicidió establecer un pacto con las cúpulas, logro generar un ambiente propicio entre las distintas fuerzas políticas y un grupo de empresarios afín y consiguió plasmar constitucionalmente su visión de país, esto sin duda trajo costos para su gobierno, mismos que estuvo dispuesto a asumir; concesiones políticas y prevendas económicas se dispusieron en el proceso reformador.

Pero en la actual administración se olvidaron de hacer política real, esa que logra consensos con el reconocimiento de los intereses de las mayorías, reconociendo el lugar que ocupan las minorías; si el pacto con las cúpulas le permitió abrir el sector energético, el involucrar a las masas en el proceso le hubiera dotado a su gobierno de una gran carga de legitimidad, y aquí los costos hubieran ido en sentido de temas de reconocimiento de derechos, mecanismos de participación en el proceso de decisiones, defensa real a los derechos de los consumidores, fortalecimiento del estado de derecho y procesos de transparencia y rendición de cuentas para un más y mejor gasto público en pro de los más desprotegidos.

Pero prefirió costes de pérdida de soberanía, debilitamiento del estado de derecho, dispendio y mala ejecución del gasto público, ahora vemos las graves consecuencias, habría que revisar tres indicadores de su gobierno: la asertividad económica, la eficiencia y eficacia del gasto público (que en general en nuestro país es pésimo, pero con esta administración se ha retrocedido) y la carente o nula estrategia para bajar la violencia (se registran más muertes por violencia en este sexenio que en el anterior), en estos tres factores hay un margen importante de área de oportunidad si el presidente decide hacer cambios, para poder sobre llevar lo que le resta de su mandato.

Quizás es momento que reconozcamos que en nuestro país, crece a pasos agigantados la sociedad informada, quizás como dice Bernard Crick, está en busca de sus libertades para poder construir una mejor realidad, quizás la ciudadanía sea la única que está dispuesta a sacrificar algo y construir a través de la política un mejor futuro para todos.

Hasta la próxima.

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