Ayotzinapa sigue marcando la agenda en nuestro país, preguntas sin respuesta, información administrada, discursos con forma y muy poco fondo y acciones minúsculas para el tamaño del problema, denotan que lejos de irse el tema se agudiza, no hay grandeza de miras ni la visión estadista que el momento requiere, México pierde.

El México de la semana pasada, ya no es el México de las reformas, el de los grandes acuerdos, el de la capacidad de hacer política, la desaparición de 43 estudiantes ha borrado del mapa a lo que tanto se le apostó, pero no es culpa de un solo nivel de Gobierno, de un solo Partido, sino de todos en su conjunto, no se puede administrar el caos.

La contra agenda de esta semana es la misma de la semana pasada, ha llegado el momento de reconocer que todos somos víctimas pero también culpables de esta situación, ha llegado el momento de que por más amarga que sea la medicina, tomarla.

Jorge Luís Borges en su Libro del Aleph, escribía:

“Aseveran los teólogos que si la atención del Señor se desviara un solo segundo de mi derecha mano que escribe, ésta recaería en la nada, como si la fulminara un fuego sin luz. Nadie puede ser, digo yo, nadie puede probar una copa de agua o partir un trozo de pan, sin justificación. Para cada hombre, esa justificación es distinta; yo esperaba la guerra inexorable que probaría nuestra fe. Me bastaba saber que yo sería un soldado de sus batallas. Alguna vez temí que nos defraudaran la cobardía de Inglaterra y de Rusia.”

¿Como justificar la barbarie?, resulta irracional pensar el que alguien, pudiera haber quemado a 43 de sus semejantes, casi niños, casi adultos; no entendemos sus razones, la lógica que los lleva a privilegiar sus fines por encima de su humanidad, de aquello que los identifica como seres humanos, como la Alemania Nazi justificó su barbarie en el pensamiento, mal entendido tal vez, de Schopenhauer y Nietzsche, así hay una fuerte carga ideológica en la putrefacción del Estado Mexicano.

Más valdría revisar a los hombres en el poder, las políticas económicas adoptadas en los últimos tiempos y su relación con la descomposición del tejido social, no son Guerrero, Michoacán, Morelos, Estado de México, Tamaulipas y Chihuahua los puntos focalizados de violencia, si fuese así bastaría con seis Alfredo Castillo, y un rio de recursos discrecionales para apagar la mecha, pero para mala fortuna de los actores políticos y desgracia de los mexicanos, la bomba explotó y vislumbra un efecto multiplicador a lo largo del territorio nacional.

El caso de los cuarenta y tres normalistas desaparecidos, tiene rasgos de convertirse en el caso paradigmático del rumbo de nuestro país, es momento de que se privilegie la política y se le de una salida judicial a la narco política instaurada, es momento que se reconozca que se perdió el rumbo y que el pacto por México, es un pacto con todos los mexicanos y no solo con las cúpulas partidistas, es momento de reconocer que hay otra vía y es la de la ciudadanía como medio de control del Mercado y límite del Estado.

Es momento de identificar a los actores que quieren capitalizar el momento para sus fines, porque esos son los verdaderos enemigos de México, tendrá nuestra clase política la suficiente altura de miras para el momento, lo sabremos en los próximos días.

Hasta la próxima.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *