Toda Constitución establece los elementos sobre los que se constituye cualquier Estado moderno. Algunos autores afirman que es el único documento jurídico común a todos los integrantes de una sociedad.

Por otro lado, la literatura económica señala que en el largo plazo, el crecimiento económico y la inversión están correlacionados, y que el primero es función de la acumulación de capital. En este sentido, para lograr mayores tasas de crecimiento, es necesario aumentar los coeficientes de inversión.

Para lograr lo segundo se requieren importantes acuerdos políticos que construyan un clima de seguridad para las inversiones, así como todo un andamiaje legal que sustente y consolide las inversiones, ya sean éstas desde la iniciativa privada o ya sean desde el gobierno.

Con estas nociones en mente resulta fácil deducir la importancia que guarda para todo país el contar con una constitución que refleje no sólo los deseos y aspiraciones de una sociedad; sino también, la forma en cómo logra construir acuerdos y equilibrios entre los poderes en que ha de caer la responsabilidad de otorgar rumbo y gobernabilidad a toda sociedad, así como para garantizar certidumbre y confianza en el crecimiento económico.

Nuestra constitución nace de un movimiento revolucionario. Enmarcado en un proceso histórico, los orígenes ideológicos de nuestra carta magna se hallan en el programa político del Partido Liberal Mexicano de los hermanos Flores Magón.

Porfirio Díaz gobernó rehuyendo a lo establecido en la Constitución de 1857 pero sin derogarla ni alterarla, basando todo su poder en la concesión a los distintos agentes sociales, construyendo con ello un sistema político unipersonal con un reparto del poder discrecional y completamente en función del ánimo o deseo del Presidente de la República.

Sin embargo, el Plan de San Luis de Francisco I. Madero es el que logra colocar entre la opinión pública la necesidad de reformar la estructura del sistema político, y es el que logra desatar todo un proceso de cambio para volver a construir nuevos acuerdos y equilibrios entre los distintos actores políticos, económicos y sociales de México. Éste movimiento permitió que se lograra consolidar la demanda antireeleccionista, pero se fueron postergando reivindicaciones sociales que en ese tiempo ya resultaban apremiantes.

Madero sólo buscó cambiar al presidente en turno, NO en modificar la estructura política del sistema; además, partió del supuesto de que existía un número importante de ciudadanos que harían valer sus derechos. Ello resultó un craso error, ya que olvidó que parte fundamental de la organización política mexicana se cimentaba en los gremios y grupos caciquiles que operaban a nivel regional.

Precisamente por ello, la revolución liberó nuevas fuerzas sociales, políticas y clasistas. Fue así que se dio inicio a la etapa más fuerte de la guerra civil. Al arribo de Carranza a la presidencia, éste procuró de dotar a la Constitución de un mayor sesgo social, esto provocó una mayor división entre los grupos beligerantes.

Una vez que se supera esta etapa, la Constitución logra otorgar al movimiento revolucionario de un marco jurídico idóneo para permitir paso a los acuerdos políticos entre agentes sociales. Para este momento, en el país se empezaba a notar lo complicado que resultaba lograr consensos que llevaran a una fácil alternancia en la presidencia, que permitiera obtener mayores tasas de crecimiento del producto.

Con el arribo de los sonorenses se da inicio el verdadero proceso de pacificación del país. Con Álvaro Obregón inicia la etapa caracterizada por una gobernabilidad sustentada en el caudillismo político presidencial. Pero va a ser Plutarco Elías Calles quien dé inicio a una nueva etapa en el México posrevolucionario: la era de las instituciones.

Existen diversas opiniones para revisar este periodo, pero resulta innegable que la Constitución empieza a gozar de una cierta “aplicación” a partir de este periodo. Ya que en el ejercicio del poder, los postulados de la revolución eran pura letra muerta porque aún no había las suficientes instituciones que permitieran darle vida. Por otro lado, los arreglos políticos “de verdad” no estaban realmente plasmados en la Constitución, seguían obedeciendo a acuerdos tácitos dados entre los actores políticos más relevantes, y los demás aceptaban esas reglas del juego con tal de obtener algún beneficio. Todos fueron, poco a poco, integrándose a estos arreglos, de una forma o de otra.

Se pueden mencionar tres elementos clave para destacar y entender la relación de la Constitución de 1917 con el sistema político que se formó: 1) La organización de las fuerzas productivas (trabajadores, campesinos, clase media, caciques, militares y empresarios); 2) Hegemonía del Estado, papel rector de la autoridad gubernamental en la economía y consolidación del presidencialismo; y 3) Instauración y consolidación del partido oficial  para pasarlo de espacio electoral de redistribución del poder a aparato de poder del Estado, del Presidente de la República y de un proyecto nacional constitucional.

Distintos matices llegó a tener la aplicación de la Constitución en la vida nacional, pero el esquema básico de operación siguió siendo el mismo que hasta este momento se ha señalado. Sin embargo, hacia finales de los años setentas y principio de los ochentas se origina un cambio importante en la vida constitucional mexicana.

Una vez que el llamado “milagro mexicano” empezó a dar muestras de su agotamiento, se gestó un nuevo ordenamiento basado en un modelo de desarrollo conocido como “Desarrollo Compartido” o “Populismo”; éste se caracteriza por intentar atender a dos variables que resultaban determinantes en la vida nacional: la represión y la pobreza. Sin embargo, las medidas adoptadas solamente lograron potencializar la inestabilidad económica y política, provocando un rompimiento entre los agentes político-económicos y sociales del país.

Esta situación, permitió la entrada de un nuevo modelo de desarrollo que provocaría importantes cambios en la Constitución: el neoliberalismo.

La implementación de este modelo se sustentó en redefinir los tres elementos clave del proyecto de nación emanado de la Revolución Mexicana: el Estado, la Constitución y el Sistema Político.

Por lo que respecta al papel del Estado, el modelo neoliberal se encargó de contraer la participación del Estado en la economía, asignando el peso del crecimiento al mercado (o sea, al sector privado de la economía). Con ello, se concedió mayor peso en las decisiones económicas a los empresarios. A partir de esos años su opinión en materia de políticas económicas y en el juego de la redistribución del poder tendió a incrementarse vertiginosamente.

Con esta clara definición ideológica (entendida en el contexto de que las ideologías son la parte que justifica las reasignaciones de poder entre clases sociales) el Estado abandonó su origen popular para reivindicar la exigencia de los empresarios de que el mercado sea el mecanismo de asignación de recursos y no un Estado paternalista.

Y no sólo eso, también desarticuló los mecanismos de control político del Estado para dar paso a un nuevo orden político, sustentado en la repartición del poder. Tal es el nacimiento del llamado sistema partidista que actualmente opera en el país.

¿Por qué se ha reformado tanto la Constitución? Dentro de la clase política mexicana se tiene la creencia de que la reforma a la constitución es un factor central de legitimidad para el ejercicio del poder.

Para consolidar estos cambios y dejar un nuevo marco legal, es que resultó inevitable modificar la Constitución Política Mexicana. Al día de hoy, el texto original de la constitución se ha modificado 573 veces a través de 214 decretos de reforma. Casi dos tercios de sus reformas son posteriores a 1982 y sólo en el sexenio de Felipe Calderón se publicó casi una quinta parte de dichas reformas.

Ahora bien, si partimos del hecho de que al gestarse un cambio en el modelo de desarrollo económico en el país se requirió realizar un ajuste en los antiguos pactos políticos, debido a que actores políticos emergentes pelearon nuevos espacios de participación y de que el poder político ejercido hasta dicho momento se fracturó, ello obligó a dotar de “legitimidad” esos nuevos acuerdos. Las fuerzas productivas se realinearon ante el cambio de escenario, propiciando un periodo de intensos cambios en el orden político.

Tal ha sido la suerte de México a partir del año 1982. Ahora, se realizan nuevos ajustes en nuestra Constitución intentando dotar de mayor efectividad al modelo de desarrollo adoptado porque sus resultados han sido muy pobres (de 1982 a 2013 la tasa de crecimiento del producto ha sido del orden del 2%); también los buenos resultados en materia económica sirven para que un sistema pueda considerarse exitoso. Y son estos mismos resultados los que sientan las bases para la continuidad de los nuevos arreglos de poder.

Actualmente no se discute si el sistema político ha alcanzado, o no, un grado de mayor madurez democrática; sino, más bien, se discute si este arreglo político permite dotar de verdadera efectividad al modelo de desarrollo económico. Tal debe ser la verdadera discusión de los políticos al momento de querer cambiar, nuevamente, partes de nuestra Constitución. O al menos, eso deberían de pensar.

Una Respuesta

  1. Salvador Rivas

    Me parece una excelente reflexión histórica, que ubica la realidad actual de nuestra carta magna, y me hace preguntarme si realmente somos un país independiente o libre del imperialismo yankee o si somos capaces de generar nuestro propio crecimiento con el sistema jurídico que tenemos.

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