En la época en que Vivian Maier (Estados Unidos, 1926-2009) nació, su nombre era uno de los más populares. De origen celta, se le relaciona con un estatus superior, una especie de elegancia implícita, que comparte con “La historia de las niñas Vivian, en lo que se conoce como  los reinos de lo irreal, sobre la Guerra- Tormenta Glandeco Angeliana causada por la rebelión de los niños esclavos”, (1910,1912 – 1932) del artista Henry Darger (Estados Unidos,1892-1973). En 15,154 páginas, Darger plasmó una historia violenta; en donde las rubias niñas Vivian, inspiradas en Shirley Temple y en la niña de Coppertone, ayudan a los niños, torturados por el Imperio Glandeco, a librar una interminable batalla. La historia contenía dos posibles finales; en el primero, los niños ganaban; en el segundo, el ejército era el vencedor, en más de 300 collages, en los cuales, tal como el art pop, copiaba los cómics y a partir de esto creaba sus propias imágenes; les pegaba timbres como marcos; los periódicos eran su inspiración. Darger dejó su legado casi intacto en su casa- estudio. Por su parte, Vivian Maier mostró su vida, casi siempre cotidiana, y lo que veía en más de 120,000 fotos, lo que significa que por lo menos en 24 años de su vida sacó un rollo por día, principalmente de cuando trabajaba de niñera en Chicago, y cuyas pertenencias terminaron en la subasta de bodegas de la ciudad hasta 2007.

Ambos artistas eran personas que podían ser casi invisibles, mientras que Vivian era niñera, Henry trabajó como custodio en el Hospital St. Johns, principalmente. Ninguno mostró sus creaciones – obsesiones al público; Darger poco antes de morir le pidió a su casero del 851 Webster Av. que quemara todas sus pertenencias, algo que Nathan Lerner no hizo en 1973, cuando descubrió las cualidades estéticas de su construcción épico – onírica. Muchas de sus piezas ahora son parte de las colecciones de grandes museos como el Musee d’Art Moderne de la Ville de Paris, el MoMa, el Museo de Arte Folklórico de Nueva York o INTUIT: The Center for Intuitive and Outsider Art en su ciudad natal: Chicago; entre otros. Por otro lado, la exposición del trabajo de Vivian Maier comenzó como un pequeño indicio después de que John Maloof comprara una serie de cajas llenas de negativos en el 2007, que de primera instancia, contenía imágenes de Chicago y después al revisar las cajas descubrió una serie de objetos, así como el nombre de la fotógrafa. Al buscarla en línea, lo único que encontró fue su obituario, al buscar un poco más descubrió una serie de números de teléfono, al llamar y preguntar por Vivian le contestaban que había sido su niñera.

Ambos obsesivos de los periódicos, de las noticas amarillistas, buscaban su inspiración en la calle, en los basureros, incluso en alguna ocasión hasta en el matadero, como platica una de las niñas que cuidaba Maier. Ambos hablan de la condición humana, en su obra entremezclan un entendimiento, una calidez y un sentido de alegría, que invitan al posicionamiento del ojo en sus imágenes, una especie de hipnotismo, que al volverse consciente, se abre al descubrimiento de cada uno de los encuadres, que en muchas ocasiones reflejan la tragedia. Son las historias de lo que vivieron, de lo que leyeron, de lo que escucharon como una especie de fantasmas durante décadas, en la ciudad de Chicago.

Ambos encontraron la forma de hacer lo que querían con los mínimos gastos, tanto escribir, dibujar o tomar las fotos de una forma casi secreta, más si consideramos que la cámara de Maier le permitía tomar las fotos desde abajo, por lo que el sujeto no se daba cuenta que lo habían fotografiado. Ambos fueron autodidactas, es por eso que sus creaciones pueden entrar en rubros tan diferentes como Darger en The Musuem of Everything, recomendado por David Byrne, quien describe su trabajo “casi victoriano en el sentido de que es una narrativa heroica-épica ilustrada sobre un adorable y valiente grupo de niñas (…) al cual ha incluido su propio giro obscuro e imaginativo.” Mientras que el trabajo de Maier fue introducido por una cuenta de Tumblr, está en la puerta de entrada de galerías, casas de cultura y algunos museos como el Chicago History Museum para el 2017, su camino será un poco más complicado, ya que la impresión de sus fotos es actual y no vintage, -ella no reveló casi nada de su producción-, y esto hace que para los museos de arte no cumpla con un estatus aurático de re-producción. Aunque en una reciente exhibición en Madrid los precios alcanzaban tres ceros, todavía le hace falta un mayor reconocimiento por parte de la Academia. El mercado de la fotografía se comporta más reservado, que el de arte contemporáneo, sus precios han crecido un 36% en el último año y aunque las fotografías de Maier cuentan con un aval en el encuadre, en la seguridad de su toma, la distancia y el momento precio de hacer CLICK -que resaltan Richard Cahan y Michael Williams en sus libros: Vivian Maier. Out of the Shadows (2012) y Eye to Eye (2014)-, la realidad es que su reproducción es la que no guarda un aspecto de original, en el caso de Maier, hay poca claridad en el número de sus impresiones.

Mientras que Maier viajó sola a Francia, Egipto, Bangkok, Tailandia, Taiwán, Vietnam, Francia, Italia e Indonesia, a finales de la década de los cincuenta y la calle era su lugar de creación, Darger se enfocó en cuatro paredes, en una hiperterritorialización: cada periódico, cada revista, cada botella de Pepto-Bismol tenían su lugar, por lo que “salir de éste era entrar a un terreno peligroso de confusión y obscuridad” de acuerdo a Emmanuel Pernoud en el reciente catálogo “Henry Darger: 1892-1973” del Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris donde actualmente está montada una exposición individual.

De ambos se han creado documentales para hablar tanto de su obra, como de su vida, que permanecen en un halo de misterio, entre cuáles serían sus reacciones de ver sus creaciones en las salas de museos o en catálogos, cómo se comportarían en relación con las redes sociales – ¿sería que Vivian, una fanática de Instagram o Henry un bloguero empedernido?-, pero lo que ambos comparten es una especie de extrañamiento, de comportamiento bipolar en la sociedad a la que pertenecían, de la que se maravillaban, de la que criticaban y que hoy en día se vuelven testigos exquisitos de su época.

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