Esta pregunta puede confundirnos: ¿alguien padece la enfermedad de mentir y se me pregunta cómo curarlo? ¿Se me pide entonces que recomiende un tratamiento psicoanalítico? ¿Cuál? Aclaremos el problema: no somos individuos aislados, para nosotros la sociedad es lo que el agua para los peces. Estamos estrechamente, indisolublemente unidos a a los otros, gran parte de nuestro ser es lo que la sociedad en la que vivimos es… Y vivimos en una sociedad mentirosa. Los políticos mienten con sus promesas, los comerciantes mienten con sus productos nocivos, los industriales mienten para saquear el planeta y esclavizar a los trabajadores, los abogados mienten haciendo liberar a bandoleros y asesinos, los médicos mienten haciéndonos tragar píldoras recomendadas por los magnates farmacéuticos, las guerras mienten haciéndose pasar por ideales patrióticos cuando son sólo pretextos para apoderarse de los tesoros naturales, la religión miente recomendándonos la pobreza mientras se enriquece, recomendándonos la castidad mientras sus sacerdotes fornican en las penumbras, miente el dinero convertido en algo abstracto sin real valor material, miente la educación universitaria creando en lugar de intelectuales sublimes a técnicos cínicos, miente el deporte con sus drogas y componendas deshonestas, mienten los museos convertidos en cabarets snobs, miente la publicidad ramera, miente la prensa y los demás medios de comunicación, mienten los policías cómplices de los narcotraficantes, ¿quién no miente?…

Para curar a un pequeño mentiroso, habría antes que curar a sus padres (un muy alto porcentaje de matrimonios es un lento infierno), a su sociedad, a su cultura, a la historia humana, construida a base de estafas, crímenes, injusticias y fanatismos….¿Qué podemos hacer entonces? Podemos comenzar por nosotros mismos, detectando claramente cuáles son nuestras mentiras, de qué manera chantajeamos a los otros, cómo nos vendemos, que personajes actuamos, de quienes nos aprovechamos… Y luego, el momento más importante, hacernos conscientes de cómo nos hemos mentido a nosotros mismos… Para sanarse hay que querer sanarse. Querer con la misma intensidad que una persona muriendo de sed clama por un sorbo de agua. Si logramos cesar de mentirnos a nosotros mismos, es decir comenzando a vivir como lo que somos y no como la familia, la sociedad y la cultura quiere que seamos, podemos entonces tratar de curar al pequeño mentiroso. Para lograr esto es esencial darle una meta futura, no como individuo sino como humanidad. Convencerlo que la raza humana no se ha formado por azar sino por un designio divino (explicándole que dios no es un viejo con barbas y falo gigante, ni una gigantesca gorda con mil senos, sino una impensable energia de amor). Explicarle que el destino del hombre es vivir tantos años como vive el universo, conocer todo el universo y por fin convertirse en la Conciencia del universo. Hacerle comprende muy bien, que si se miente a si mismo se encarcela en su ego, privándose de crearse un alma que lo volverá inmortal. Si el pequeño mentiroso, con una mente de mico, se burla de estos conceptos, hay que dejarlo que se sumerja en la realidad cotidiana y viva entre los millares de millones de otros mentirosos, sintiéndose un ciudadano normal.

Imagen: Carlos Bribián LunaGlénat

 

Una Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *