Los asesinos de periodistas en Veracruz llegaron al Distrito Federal. No sólo masacraron al foto periodista Rubén Espinosa, quien ya había advertido en todas las formas posibles que se sentía perseguido y amenazado por las autoridades de esa entidad. Mataron también a Nadia Vera, joven antropóloga y militante del movimiento #YoSoy132, crítica frontal del gobierno de Javier Duarte.

Espinosa sumó su nombre a la ominosa lista de 13 periodistas asesinados en Veracruz. Amigo de Regina Martínez, reportera y corresponsal de Proceso en la tierra desgobernada por Javier Duarte cuyo homicidio en abril del 2012 abrió las compuertas al infierno de hostigamiento y persecución a los periodistas no gratos para la línea del mandatario priista.

Nadia Vera, como Espinosa, era también crítica frontal del “ignorante” Duarte, como lo llamó en una entrevista para el canal de televisión por internet, Rompeviento, en el reportaje “La Fosa Olvidada”, que documentó en 2013 los excesos y la presencia del cártel de los Zetas en Veracruz.

Las balas que mataron y presuntamente torturaron Rubén Espinosa y a Nadia Vera también alcanzaron a otra joven, Yesenia Quiroz, a una trabajadora doméstica y a una mujer de origen colombiano. Masacradas 5 personas de la peor manera.

-En unos momentos llego –le avisó Rubén Espinosa a uno de sus amigos, la tarde del viernes 31 de julio. Sus amigos estaban preocupados por la integridad de este joven fotógrafo.

Rubén no regresó con sus amigos. Fue arteramente asesinado en un departamento del edificio 1909, de la calle Luz Saviñón, en la Colonia Narvarte, de la delegación Benito Juárez del Distrito Federal.

El gobierno de Miguel Angel Mancera se enfrenta a uno de los más grandes desafíos. Las más de mil personas que nos manifestamos en el Angel de la Independencia y llegamos hasta la representación del gobierno de Veracruz en la colonia Juárez, también demandamos de Mancera una investigación pronta y clara, que tenga como centro la actividad periodística de Espinosa.

El fotógrafo ya había provocado la furia de Duarte cuando una de sus fotos se publicó en la portada de la revista Proceso, con el título “Veracruz, Estado sin ley”. Aparece el gobernador jarocho, con su prominente estómago y una gorra de policía.

Este trabajo, además de su cobertura gráfica sobre la agresión perpetrada por un comando contra estudiantes de la Universidad Veracruzana, la madrugada del pasado 5 de junio, en Xalapa, incrementaron las amenazas contra Espinosa. 
En esa ocasión, 10 hombres ingresaron a la vivienda donde se encontraban los jóvenes y los atacaron con machetes, bates, bastones y armas largas. Muy similar a la forma en que aquí en el Distrito Federal ingresaron al departamento para ultimarlo a él y a otras cuatro mujeres, al parecer, roo mates del edificio de la Colonia Narvarte.

Quienes conocen la dinámica de intimidación y represión en Veracruz, afirman a quienes deseen escucharlo que es necesario investigar al jefe de la policía estatal, Arturo Bermúdez Zurita.

La mano represiva de Bermúdez no respeta ni reporteros ni movimientos sociales en una entidad altamente politizada, pero también amenazada por las mafias vinculadas al crimen organizado.

Bermúdez fue señalado como responsable de organizar el operativo del 5 de junio en contra de estudiantes de la Universidad Veracruzana. Rubén Espinosa participó en las demandas de justicia y reparación del daño.

¡Fuera Duarte, Fuera Duarte!

Desde las escalinatas del Angel de la Independencia, hasta la casona de la representación del gobierno de Veracruz en el Distrito Federal se escuchó un grito de las decenas de personas que se congregaron indignados, enfurecidos, con el alma sombría: “Fuera Duarte, Fuera Duarte”.

“Aquí fallamos todos. Hasta las organizaciones defensoras de los periodistas porque no fuimos capaces de darle la protección debida”, me confiesa una colega que sabe cómo Espinosa pidió ayuda… sin ser escuchado con la urgencia debida.

Por primera vez en una marcha de protesta por un crimen contra un periodista mexicano más asesinado, se conjugaron también las demandas de grupos feministas: “Ni una muerta más”, y de los colectivos de jóvenes integrantes del #YoSoy132.

Jóvenes activistas con reporteros conmocionados y familiares que no se explicaban aún la saña contra cinco personas asesinadas a sangre fría, marchamos por la avenida Reforma, hasta la calle de Marsella donde está la representación del gobierno de Veracruz.

La lluvia intensa de la tarde dominical capitalina dispersó por un momento a las cientos de personas reunidas a las puertas de este gobierno emblema de la impunidad.

La indignación y la molestia no han aminorado. Ni siquiera la desangelada conferencia de prensa del procurador capitalino Rodolfo Ríos, evitó que muchos de los presentes demandaran una acción más clara y contundente de la PGJDF.

-¿Por qué hay tan poca gente en esta protesta? ¿Qué necesita suceder para que la gente salga masivamente?- me preguntó Azam Ahmed, jefe de la corresponsalía de The New York Times en México.

-Es difícil de responder. Sólo puedo afirmar que hay miedo, mucho miedo entre los periodistas y desaliento porque después de 13 periodistas asesinados en Veracruz, ahora los criminales ya llegaron al Distrito Federal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *