“Aunque dicen los más sabios que los eventos no son ni buenos ni malos, existen situaciones sumamente complicadas. Nunca me imaginé que, al estar injustamente tras las rejas, en la parte más difícil de mi vida, aprendería a ser libre”. – Gustavo Aglez

Cana cuenta la historia de Gustavo, un estudiante de Medicina Veterinaria, dentro de una cárcel mexicana.

Gustavo cursaba octavo semestre en Medicina Veterinaria cuando consiguió una beca para continuar sus estudios en África, en cuanto concluyera su carrera en México. Esta beca, si bien era una maravillosa oportunidad, le planteaba un par de retos importantes: le faltaba un año de estudios y tenía que estar en Kenia con la carrera terminada en un semestre, lo cual era una tarea difícil, pero no imposible si sabía acomodar las materias y créditos faltantes; su otro problema era que la beca no incluía boletos de avión ni muchos otros de sus gastos, por lo que era imprescindible conseguir el dinero necesario.

Era una gran oportunidad y Gustavo decidió vender sus posesiones con el fin de hacer realidad su sueño de estudiar y trabajar con animales salvajes. A pocos metros de su casa había una tienda de antigüedades, la visitó para preguntar si compraban objetos antiguos y el dueño de la tienda le comentó que si eran piezas de más de cien años era posible… así que Gustavo fue corriendo a su casa para sacar todo lo que pudiera tener más de cien años, que pudiera ser comprobable y que además tuviera algún valor comercial.

Pocas cosas realmente cumplían los requisitos. Una de ellas era un viejo rifle oxidado del siglo XIX que un tío abuelo le había regalado a su papá tiempo atrás y que a su vez le habían regalado a él como pieza de colección. Gustavo no era muy fanático de ese fierro inservible, pero esta era la oportunidad de darle un buen uso: continuar con sus estudios. ¿O no?

En este punto la historia da un giro radical. Frente a esta tienda de antigüedades es interceptado por elementos de la policía federal que en pocos minutos se volvieron más de 30, algunos apuntándole con armas de muy alto calibre desde vehículos artillados, como si se tratara del peor delincuente y no de un muchacho cualquiera que ambicionaba terminar su carrera universitaria.

A cada paso del relato la historia se vuelve más escabrosa. Un peritaje ineficiente y erróneo declara que esta pieza de colección (a la cual le faltaba el percutor y otras piezas) era un arma de fuego funcional. Y afronta la saña más interna del sistema judicial mexicano al escuchar comentarios como el que una jueza gritó al verlo: “A huevo, hasta que por fin se chingan a un güerito. Esperemos que a este sí lo jodan”.

En 48 horas dentro del Ministerio Público, el joven estudiante narra un ir y venir de asaltantes capturados in fraganti, delincuentes con sangre en el cuchillo y víctimas que identifican a sus ejecutores, todos saliendo libres a las pocas horas. Menos Gustavo.

Su caso pasó del Ministerio Público a las oficinas de la Procuraduría General Mexicana, donde determinaron que se trataba de un arma de uso del ejército y fuerza aérea mexicana, considerando este caso como delito federal grave con una pena de entre diez a quince años, sin derecho a fianza ni beneficios. Paradójicamente, el asesinato puede tener una pena mínima menor e incluso alcanzar algunos beneficios de ley.

Esa misma noche fue llevado al Reclusorio Preventivo Varonil Oriente, su residencia durante los siguientes meses. En este escenario, sumergido en la irrealidad de la situación, se desarrolla una historia llena de momentos intensos, difíciles y algunos, por extraño que parezca, hermosos.

Este testimonio escrito va más allá de la violencia, de la innegable ineficiencia del sistema de justicia mexicano y de la descarada corrupción. Cana se trata más bien de cómo un evento tan simple puede impactar la vida de muchas personas; explora el día a día de un inocente en una cárcel mexicana, quien decide, a pesar de la impotencia, encontrar un sentido diferente y más grande que el de sus circunstancias.

Historias como estas vemos todos los días, la injusticia mexicana es por todos conocida, Cana se sale de este canon tradicional llevándonos de la mano por un camino tortuoso que deriva en demostrar cómo, no importando tu historia o situación, podemos encontrarnos a nosotros mismos, descubrir valiosas oportunidades y transformar nuestra vida. Si la libertad puede encontrarse tras las rejas, nosotros, ciudadanos libres, ¿qué estamos esperando para hacerlo?

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