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Belleza y virtud. Coleccionismo inglés del siglo XVIII en el Museo Nacional de Antropología

Una de las escenas más hermosas de la película “Orgullo y Prejuicio” (2005) de Joe Wright, es cuando Lizzy (Keira Knightley) llega a Pemberley, la finca del Señor Darcy. Una gran casa llena de arte y con una galería dedicada a la escultura, especialmente en mármol, con luz natural. Todo es blanco, casto, impoluto, con piezas que muestran veladuras delicadas más allá del duro material. Esa es la sensación que buscaban los grandes caballeros ingleses cuando regresaban de sus viajes a Italia, principalmente.
Los jóvenes ingleses comenzaron a viajar a querer ir a ver los paisajes de los mitos griegos, de la Odisea, de la Ilíada, tal y como, menciona Francis Bacon en sus Ensayos sobre el viaje (1615). “Los viajes son en la primera juventud una parte de la educación y, en la edad madura, una parte de la experiencia”, estos les daban la oportunidad de aprender otros idiomas, ver otras formas de vida, relacionarse socialmente, y concretar su imaginación, al materializar a los dioses, los héroes, los políticos que se convierten en excelentes compañeros de viaje y recuerdos inolvidables para compartir.

Así mismo, Roma era la capital artística por antonomasia, el lugar donde pintores, arquitectos, escritores, poetas, encontraban una inspiración directa de las musas, incluso hasta de alguna que otra ninfa. Junto con Nápoles se convirtieron en los lugares a visitar, pero al llegar el enamoramiento que ya había surgido de las letras se reafirmaba en las experiencias, y se convertía en el ideal, no solo en aspectos estéticos o artísticos de la búsqueda de la belleza, sino a partir de la virtud. La exposición “Belleza y virtud. Coleccionismo inglés del siglo XVIII” en el Museo Nacional de Antropología e Historia presenta la historia del Siglo de las Luces que dará el inicio a la postura ilustrada.

Pero la admiración se convirtió en una actividad casi casi carnívora, y más si consideramos las dos piezas que nos dan la bienvenida a la exposición: “León atacando a un caballo” (Siglo XVIII) y “León atacando a un toro” (ca. 69-96 d.C.). Ambas piezas realizadas en mármol, ambas realizadas en Italia, y ambas con una escena totalmente violenta, el león mostrando su fortaleza ante dos animales nobles, en términos simbólicos los romanos se identifican con el león, este pueblo conquistador de una gran parte del mundo clásico, que incluso llegó hasta Britannia y que les permitió a los ingleses sentirse herederos directos de estos ideales en un momento que tenían un gran crecimiento náutico. La pieza del siglo XVIII cumple con los requisitos de un mercado ansioso de ser parte de ese pasado glorioso, Inglaterra también se presenta como león atacando a diferentes pueblos, una copia, más accesible, de una escultura griega que se encuentra en el Musei Capitolini del siglo II a. C. que habría llegado a Roma como trofeo de guerra y que fue definida por Miguel Ángel como la “más maravillosa” y que apareció en varias guías como un tesoro de la Ciudad Eterna.

La apropiación-aspiración de la historia clásica por los ingleses no solamente es de la parte oral, sino también material, más si pensamos en la actual controversia de los frisos del Partenón en el British Museum y su director diciendo que fue un “acto creativo ponerlo en el museo”; incluso el Papa Pío VI se dio cuenta de la pérdida de su herencia y prohibió la exportación de un relieve “El mito de Faetón” (fines del siglo II d.C.) después de que el coleccionista Henry Blundell lo adquirió, ante la prohibición y en un acto de “diplomacia” se lo regala al Papa. Sin embargo, la historia efervescente que le tocó vivir resultó que con la expoliación napoleónica, Blundell volvió a adquirir la pieza pero en Londres.

La exposición llena de figuras blancas podría mostrar un pasado glorioso, de los romanos y de los ingleses, sin embargo, con grandes “correcciones” estéticas que les permitió adaptar lo clásico a lo neoclásico a su conveniencia. Evidentemente en “Venus dormida / Hermafrodita” (s.I d.C.) con el dibujo de Charles Townley “Hermafrodito dormido y tres niños” (c.1793), por lo que sabemos como era la pieza cuando fue adquirida por Blundell, ya que mostraba sus genitales masculinos y tres niños, incluso uno de ellos amamantando, por lo que Blundell la calificó como “antinatural y bastante desagradable a la vista” y la sometió a una pequeña modificación: la castración de la pieza y la perdida de los niños, renombrándola como “Venus dormida” y convirtiéndola en “una figura tan agradable como cualquiera de la colección”.

“Belleza y virtud” nos permite darnos una idea de porque la recreación de muchas piezas se convirtió en uno de los elementos esenciales para el aprendizaje del arte, del dibujo, de la pintura, de la historia, de los valores, de la formación de las Academias de arte o de las cuestiones parlamentarias. Es la primera vez que e estas piezas se exhiben todas juntas, ya que pertenecen a distintos acervos, después de un intenso trabajo de 2 años y de la muestra de los “Mayas” en 2015 en Liverpool, por lo que es una excelente oportunidad de visitar una gran exposición.

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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