Que otros los campos dorados por lumbres de Febo
Recorra con ojos incautos, igual que los brutos;
Que todo su tiempo consuma indolente en los juegos.
Tú en cambio, entre tanto, de gran agudeza de mente,
Librada de viejos sentires, revístete ya de los nuevos,
Y sagaz, con el voto de batir naturales arcanos,
Revele, buscando el diverso poder de tu ingenio,
Y descubre con grata y sufrida labor tus tesoros.

(Rafael Landívar, Rust. App. 94, 105-112)

 

En el siglo XVIII el jesuita Rafael Landívar (Guatemala, 1731-Italia, 1793) escribió en latín un catálogo sobre las maravillas de México titulado Rusticatio Mexicana o Algunas Cosas Bastante Raras Recogidas de las Tierras Mexicanas y Distribuida en diez libros (1781), en donde hablaba de todas las ventajas, principalmente económicas de la zona. Este poema era una especie de invitación a invertir en estas tierras, desde las ventajas acuáticas, los de tintes como la grana, la púrpura y el añil, los animales, las minas de plata y oro, y el azúcar. Casi un siglo después dos ingleses, Frederick Catherwood (Inglaterra, 1799 – Océano Atlántico, 1854) y John Lloyd Stephens (Reino Unido, 1805 – Estados Unidos, 1852), decidieron hacer un viaje de negocios al sur de México y Centroamérica, publicaron dos libros, con litografías sobre el paisaje y los lugares que habían visitado con su mirada que ya habían descubierto las ruinas en el Mediterráneo, no sólo griegas y romanas, sino también egipcias. Sus dibujos capturaban casi con precisión fotográfica los detalles de las ruinas mayas. En poco tiempo publicaron Incidents of travel in Central America, Chiapas and Yucatan (1841) e Incidents of Travel in Yucatan (1843), tanto en Londres como en Nueva York.  Estas piezas exaltaban las maravillas de un país tan rico como el nuestro, ambas escritas en idiomas diferentes del español, destacaban su vegetación, cultura y tradiciones de manera muy velada.

Al estilo de las litografías de Catherwood, hace unos años llegó otra mirada extranjera a mostrarnos un aspecto un tanto escondido de nuestros últimos años. Virgina Colwell (Estados Unidos, 1981) creció entre Virginia, Estados Unidos y Puerto Rico por el trabajo de su papá, que se volvería en fuente de inspiración para indagar su pasado, a partir de los documentos de su archivo personal, después de haber sido agente  del F.B.I. Así, el pasado miércoles 22 de julio presentó en SOMA los proyectos en los que ha trabajado en los últimos años: The Archive, enfocado en las piezas relacionadas con el arresto y la historia del jefe de la policía capitalina de México entre 1976 a 1982: Arturo “El Negro” Durazo.

En 2013, presentó en Marso Galería de Arte Contemporáneo, su exhibición individual “Capricho Enfático”, título inspirado en la serie de aguafuertes de Francisco de Goya y Lucientes  (España, 1746 – Francia, 1828) “Las fatales consecuencias de la sangrienta guerra de España con Bonaparte y otros caprichos enfáticos”  (Aproximadamente 85 estampas realizadas entre 1808-1810), en esta exhibición mostraba una gran variedad de piezas inicialmente inspiradas por una carta de agradecimiento para su padre, Jack T. Colwell, de Richard W. Held, Agente Espacial a Cargo, sobre el arresto de Durazo, en San Juan de Puerto en septiembre de 1984. Esa fue la llave que abrió la puerta de la curiosidad de Colwell para averiguar más sobre el trabajo de su padre y para investigar sobre este mítico personaje de las calles de la Ciudad de México.

Comenzó la plática con la proyección de un video de un hombre cruzando de un edificio a otro por un cable, filmado por su papa en Puerto Rico en los años ochenta. “The Following” (2011) es una especie de metáfora de seguir los pasos de un predecesor, en esta acción, Rick Wallenda terminaba de caminar el trayecto que su abuelo Karl Wallenda (1905-1978) había iniciado en 1978 y no terminó, al caer y morir por el impacto. En la proyección en espejo de Wallenda cruzando hay momentos de tensión en la que no estamos seguros si lo logrará, pero al parecer lo importante es el trayecto.  Así, Colwell comenzó un trayecto de recrear los pasos del caso, primero pidiendo el archivo del FBI, que incluyeron las fotocopias de la agenda de “EL Negro” y una bitácora de su aprehensión.

Mientras que el poema de Landívar y las litografías de Catherwood están inspiradas en el pasado glorioso, y complementadas por detalles estilísticos de descripciones o en los talleres de Nueva York y Londres con plantas no provenientes de esta zonas para rellenar el exotismo de los paisajes, la serie de dibujos de “El Partenón de Durazo” tienen una fragilidad, una especie de patina a la usanza de las viejas copias burocráticas, al estar en papel hecho a mano y con pluma azul dan una primera impresión de majestuosidad que al acercarse la mirada y ser más crítica genera una especie de temor de lo que este lugar significaba y de cómo fue construido, tanto material como metafóricamente.

Durante sus años al cargo de la Dirección General de Policía y Tránsito, la “mórdida o entre” se volvío toda una institución de los polícias para dar su cuota al “Patroncito”, en oro o en dólares, de preferencia, así como el asalto a bancos, “al fin de cuentas estos ya están asegurados y no pierden en realidad”, en palabas de un taxista. En, ya clásico, el libro “Lo negro del Negro” de su ex escolta José González González, que más tarde se convertiría en un película (1984) resalta el morbo hacia este personaje desde niño, y su amistad con el Presidente José López Portillo, hasta su salida estrepitosa con la llegada de Miguel de la Madrid y su “Renovación Moral”.  Sin embargo, durante sus “buenos años” se lleno  de una fastuosidad y lujo inimaginables que se verían reflejadas principalmente en sus dos mansiones; la primera en el Ajusco y la segunda en Zihuatanejo. Conocida como “El Partenón”, por sus reminiscencias a la arquitectura clásica y neo-clásica, para la construcción de esta mansión, que contaba con una discoteca a la usanza de Studio 54 de Nueva York, jacuzzi y recámaras secretas, amplios establos y picaderos para caballos,  se empleó el trabajo de 600 policías capitalinos para su construcción, que terminó aproximadamente en 1981, por lo que no tuvo tiempo de realmente disfrutarla. La propiedad fue incautada en 1984 y ha permanecido en ruinas desde entonces.

Los dibujos de Colwell de lo que hablan en realidad es de la falsa superficie de majestuosidad y poderío que disfraza las historias de corrupción, extorsión y exceso de poder que han abierto la puerta para múltiples historias y especulaciones entorno a este personaje.  En la Ciudad de México es común escuchar historias de esos años, entre la desgracia de la corrupción y la nostalgia de un índice de delincuencia casi nulo, obviamente no era muy afecto a la competencia, escuchar de que  antes sí se atrapaban a los “verdaderos criminales” y les daban su merecido alejados de los Derechos Humanos, ¿Porqué me suena familiar ese argumento? A diferencia de las obras de hace 100 años o 200 años, la obra de Colwell nos muestra que esas ruinas en realidad son monumentos a un momento que parecería pasado y, que sin embargo, es tan presente como los excesos que vemos en el Hola o en Quién, imagínense al Negro en la portada de Caras, en lugar de Contenido y como el juego victoriano del pajarito y la jaula, nunca estuvo encarcelado realmente.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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