Centro Público

Aprende su nombre. Escucha su voz

Imagínate despertar en la habitación de un hospital, con dos hombres viéndote y preguntándose ¿quién eres?; imagínate que en ese momento te digan: “creemos que fuiste violada”; imagínate que tienes que llenar un formato que dice: “víctima de violación”; imagínate que unas enfermeras te piden que abras las piernas para sacar muestras y fotografías; imagínate que te llevan a un cuarto para elegir otra ropa; imagínate que cuando te metes a bañar hay algo de tu cuerpo que ya no reconoces, que no sabes que es, pero ya no eres tu. Te preguntas ¿quién soy? En cada momento, cada que abres los ojos, cada que desayunas, cada que ves a tus conocidos.

Ahora, imagínate que eso se hace viral, que la gente deja de preguntar ¿quién eres? Porque el agresor se convierte en el protagonista de tu historia. Es la joven promesa de la natación que estudia en Standford que por 20 minutos su futuro estará en juego. Pasan los días y te enteras de detalles más escabrosos pero lo ves de lejos, las personas comienzan a escribir: “es su culpa”, “es su responsabilidad”, “no debería de haber tomado”… pareciera que todos tienen una opinión.

Ahora la pregunta de ¿quién soy? Se va diluyendo, con las horas, con los días, con los meses… cada vez, lo que tú pensabas quién eres, se va a alejando. “Know my name. A memoir” de Chanel Miller es un intento lingüístico de transformar ese dolor, de confrontar el pasado para continuar viviendo con esas experiencias. La pregunta es una constante que se quiere resolver de diferentes maneras, desde la víctima hasta la “supuesta perpetradora” del futuro de un hombre blanco joven, atlético, con recursos económicos y con la idea de tener todo en su favor. Así, Chanel Miller, se encerró en si misma, escuchando lo que los demás decían de Emily Doe, la chica que vivió la violación (teóricamente en el estado de California solamente es, si es con el genital masculino, pero para el FBI es cuando es penetrada con cualquier objeto); es la chica que había tomado de más, es la chica que fue una fiesta de una fraternidad de una universidad que no era la suya; es la chica que tonteaba con su hermana; es la chica que come tacos; es la chica que se suelta a llorar de la nada…

Chanel Miller recorrió un camino horrible, horroroso, espantoso y que es recorrido por muchas personas, más de las que nos podemos imaginar, pero su caso fue diferente, porque dos estudiantes suecos se dieron cuenta que algo no estaba bien y detuvieron el ataque de Brock Turner, el corrió y uno de ellos lo paró hasta que llegó la policía. Ellos dos cambiaron el rumbo de la historia de Chanel Miller, si, algo terrible estaba sucediendo pero también hay personas dispuestas a levantar la voz y denunciarlo. Otra diferencia de la historia de Chanel Miller es que se volvió terriblemente mediática, la cara de Turner estuvo en todas las portadas. Chanel, con una increíble capacidad de narrar, nos plática sus sentimientos, sus pensamientos, su creatividad que no la pudieron apagar, a pesar de las constantes postergaciones, de las largas de la justicia. Uno pensaría que al escuchar los 36 “si” de un jurado de 12 declarando culpable a Turner de 3 delitos que podrían sumar 14 años en la cárcel, el alma de Chanel podría descansar, pero no.

Al tratar de escribir el discurso de impacto que tuvieron esos 20 minutos, Chanel recibió una llamada para preguntarle cuánto tiempo recomendaba de prisión para su agresor, para que la persona interpretará que las preguntas de Chanel en realidad era la preocupación por la rehabilitación de él… ¿qué? ¿Cómo? El enojo de esa interpretación abrió la válvula de escape para que Chanel pudiera escribir las 12 páginas más importantes de su vida: “No me conoces, sin embargo has estado dentro de mi y por eso estamos aquí”, sin embargo, esas palabras cayeron en oídos sordos en del juez que simplemente lo sentenció a 6 meses.

El golpe fue devastador, en menos de 3 meses saldría libre por buen comportamiento. Sin embargo, sus palabras retumbaron en línea, se leyó millones de veces, todos los comentarios, todas cartas, le afirmaron a Chanel lo que ella siempre había querido ser: escritora, “Escribiendo es mi forma de procesar mi mundo”.

Chanel Miller dejó de ser la víctima de Brock Turner, dejó de ser un caso más de una fraternidad de una universidad elite, dejó de ser la víctima de un sistema judicial que cuestiona “todo” de la víctima, dejó de ser “una supuesta abogada que si sabe escribir”, porque las víctimas no saben escribir, Chanel Miller se convirtió en la escritora de un dolor que no había sido narrado de una manera tan elocuente, tajante, certera, sofisticada y necesaria.

Chanel Miller nos confirma que el mundo no es algo dado, es una construcción continua. El mundo como lo conocemos puede ser cambiado, el juez fue removido después de que 200,000 ciudadanos firmaran que no lo querían, los testimonios que dolían se convirtieron solamente en pedazos de papel, durante años los crímenes sexuales han continuado por el silencio de las víctimas, lo que ha hecho Chanel es darles una voz, es un acompañamiento necesario para la sociedad.

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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