El dominio indirecto es un término que puede ser aplicado cuando un poder soberano se vale de una serie de medios para ejercer su control sobre una sociedad. El rey, por ejemplo, que se apoya en una estructura burocrática y administrativa para la recaudación de impuestos, la vigilancia y sanción de la conducta de las personas, el ejercicio de la justicia y todas aquellas actividades que le permitan mantener su condición de privilegio y dominio.

Este dominio indirecto si bien puede y es violento de forma intrínseca, también se vale de mecanismos de control que son aceptados casi voluntariamente por quienes son sujetos del mismo.

El entretenimiento, de acuerdo con el análisis del sociólogo norteamericano Neil Postman, podría entrar en esta definición, en tanto puede situar al sujeto en un estado de pasividad e ignorancia que desarticula cualquier posibilidad de oponerse al sistema opresor.

Divertirse hasta morir, es el título de esta obra. En el prefacio, el autor se refiere a dos de las obras literarias paradigmáticas en cuanto a estos fenómenos del control y la enajenación. 1984, de George Orwell; y Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Sin embargo, refiere que pese al rasgo profético que comparten, Orwell advierte que “seremos vencidos por la opresión impuesta exteriormente”, mientras que Huxley sostiene que “la gente llegará a amar su opresión y a adorar las tecnologías que anulen su capacidad de pensar”.

“Lo que Orwell temía eran aquellos que pudieran prohibir libros, mientras Huxley temía que no hubiera razón alguna para prohibirlos, debido a que nadie tuviera interés en leerlos. Orwell temía a los que pudieran privarnos de información. Huxley en cambio, temía a los que llegaran a brindarnos tanta que pudiéramos ser reducidos a la pasividad y el egoísmo. Orwell temía que nos fuera ocultada la verdad, mientras que Huxley temía que la verdad fuera anegada por un mar de irrelevancia. Orwell temía que nos convirtiéramos en una cultura cautiva. Huxley temía que nuestra cultura se transformara en algo trivial, preocupada únicamente por algunos equivalentes de sensaciones varias”, cita Postman en el prólogo de la obra que hemos referido.

Y a la luz de la “sociedad de la información” en la que vivimos, de la extrema relativización de los conocimientos, de la vorágine que devora los sentidos de las personas, del control casi absoluto que ejercen los medios masivos de comunicación y el internet, de una homogeneización tiránica de valores, creencias y necesidades, no habría que acudir a las reflexiones de Huxley, que, aunque escalofriantes, resultaron ser más cercanas a la realidad actual que las que planteó el propio Orwell.

 

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