Es mi suerte la triste,
No vuestro amor inconstante.

¡Qué lástima de abanico!
No culpo al viento de otoño.
Anónimo manchú, s.XV.

Al terminar la exposición Hilos de Historia. Colección de Indumentaria del Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec me quedé con dos sentimientos. Por un lado emocionada de las piezas que vi, y por el otro ¡quiero más!. La realidad es que después de haber visitado la muestra conmemorativa del 125 aniversario del Palacio de Hierro hace dos años en el Centro Histórico y aunque, lamentablemente, me perdí la anterior del Bicentenario –que por cierto encontré unas fotografías y se veía muy interesante- intuyó que hay un creciente interés por la moda de otras épocas. Me gustaría poner especial énfasis en mis favoritos: abanicos, de los que por hay casi 10, en la exposición.

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“Blandir” el abanico, en una época donde los hombres se encontraban al lado opuesto de las mujeres, fue la forma de crear un lenguaje, relativamente, secreto en las cortes. Al parecer, este complemento ha sido representando desde los egipcios, principalmente en forma de hojas o en la India para avivar el fuego sagrado, incluso entre los presentes de Moctezuma a Hernán Cortés habían 6 abanicos de plumas. Hasta hay una referencia que la primera mujer en ocuparlo había sido Eva para alejar la mirada curiosa de Adán mientras ella dormía. Aunque en términos generales, este accesorio, sirve como protección contra el sol, para refrescarse y alejar a los insectos, – su primer nombre en Francia fue chasse-mouche: cazar moscas-, durante los siglos XVIII Y XIX logró una sofisticación y popularización, tanto en su elaboración como en su uso.

Al difundirse su uso, desde su llegada de China -donde se tienen referencia a partir del s. X a.C.- a Portugal, en el s. XV, y su expansión a España, curiosamente durante el periodo barroco de las cortes, se consideraba un objeto de lujo, ya que para su manufacturación se requerían las habilidades de pintores, escultores, grabadores, orfebres entre otros para crearlos. En 1770, en Francia, había cerca de 150 talleres con 6,000 trabajadores. Aunque también se producían en Inglaterra, donde eran más accesibles y, en Italia, los cuales eran pintados y por lo tanto más caros, la compra de un abanico significaba un acontecimiento especial y se ponía junto a los objetos más preciados y en las herencias de las familias.

No cabe duda, que la representación de colección de abanicos del Museo Nacional de Chapultepec es espléndida en cuanto a la variedad desde plumas de aves, hasta piedras preciosas, pasando por representaciones abstractas y figurativas.

In illo témpore, el juego de la muñeca, su ritmo y las variables de moverlo en el aire, ya fuera abierto o cerrado formaban parte de una etiqueta para comunicarse. En el libro del historiador ruso  Mijaíl Pokrovski (1868-1932) “Elegance in the Satirical Literature of the 18th. Century” de 1903 hace un enlistado de lo que significaban los diferentes movimientos como: Bostezar detrás del abanico – Vete, me estás resultas aburrido; sujetar el abanico sobre el corazón – soy tuya para toda la vida; Agitar el abanico sobre una misma – baila conmigo, entre otros. Incluso en Inglaterra, en 1790, fabricaron unos con las instrucciones de cómo ocuparlo, como una especie de acordeones: “Fanology or the Ladies Conversation Fan” o “The Ladies Telegraph, for Corresponding at a Distance”.

Cada época ha tenido sus propias representaciones desde “La dama del abanico” Velázquez, Tiepolo o “Muchacha con abanico” de Gauguin; en el cine, por ejemplo: la Condesa Olenska en la “Edad de la Inocencia” (1993) de Martin Scorsese o la explicación de Julie Andrews a la Princesa Mia en “El Diario de la Princesa 2” (2014).

Obviamente, después de esta nota, me moriría de ganas de ver una exposición dedicada a este delicado objeto, en Londres hay un museo exclusivo de ellos, que sigue siendo una constante en algunas bodas o en las bolsas de algunas abuelas, incluyendo la mía, que para los chinos significa felicidad, paz celestial y mérito de la persona.

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Hasta julio de 2015.

Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec,

ubicado en la Primera Sección del Bosque de Chapultepec.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

Una Respuesta

  1. Fabián R. Castillo

    Muy lindo reportaje felicidades, he tenido la oportunidad de trabajar en las exposiciones del palacio de hierro y la dicha de formar parte de esta ultima de el MNH y solo pienso que es muy lamentable el corto alcance que tiene el publico para admirar las piezas, debería de existir un modo en el cual se pudiera convivir revisar y admirar e inclusive por dentro las piezas.
    Saludos Ximena un gusto leerte.

    atentamente: Fabián R Castillo
    Restaurador del MNH-Castillo de Chapultepec

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