Cuando se inicia un vuelo en una línea comercial, lo usual es escuchar un mensaje que, más o menos, dice: “en el improbable caso de una pérdida de presión, de los compartimientos superiores a sus asiento caerán mascarillas para proporcionar oxígeno suplementario (o complementario, no recuerdo bien)” y luego sigue una serie de instrucciones acerca de la manera de utilizar las mencionadas mascarillas.

Lo anterior puede servir de guion para lo siguiente:

En el indeseable caso de que Donald Trump sea elegido presidente de los Estados Unidos de América, con la invaluable ayuda de Hillary Clinton…visto el profundo escozor (repudio, irritación, enojo, furia, etc.) causado por la visita del lenguaraz copetón inmobiliario el pasado 31 de agosto, vertido en innumerables artículos periodísticos y comentarios en los medios de comunicación masivos, comprendidos los de las redes sociales; al respecto hay que rescatar lo dicho en días recientes por el ex rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, quien afirmó que la actitud del candidato republicano ha causado “un bajonazo a la autoestima social de los mexicanos”. De ese dramático tamaño es el asunto.

Dado lo anterior, habría que pensar qué hacer si es voluntad de los votantes gringos, en su peculiar sistema electoral, que Trump ocupe la Casa Blanca.

A la luz de los exaltados ánimos que privan aquende nuestra frontera norte, se me ocurren algunas posibilidades:

  1. a)Erigir un muro inexpugnable para que ese señor no pueda poner un pie en territorio mexicano.
  2. b)Si se sabe que pretenderá llegar por aire, bloquear el aeropuerto, tres días antes, con la ayuda de los experimentados contingentes de la CNTE. (Lo de los tres días es para que no puedan ingresar ni los controladores de vuelos).
  3. c)Organizar una magna peregrinación a la Villa para implorar la protección de la Morenita del Tepeyac.
  4. d)Encaminarnos en interminable fila al Castillo de Chapultepec e irnos lanzando al vacío desde sus balcones.
  5. e)Sintonizar la Hora Nacional los domingos a las 10 de la noche y decretar que durante un minuto todos le sacaremos la lengua al indeseable.
  6. f)Ir en masa al psiquiatra en busca de remedio en materia de autoestima.
  7. g)Romper relaciones con los EUA.

Ahora que si hubiese la posibilidad de serenarnos, queda el recurso de analizar con detenimiento y seriedad el funcionamiento del sistema político estadounidense y su mecanismo de pesos y contrapesos (check and balance, que le dicen) el cual hace difícil que sus presidentes hagan su santa voluntad, para trabajar con los contrapesos en aquellas cuestiones que afecten nuestros intereses. Es decir, concertar posiciones con quienes comparten esos intereses: desde los empresarios de la industria del automóvil ya instalada en México, hasta los propietarios de grandes explotaciones agrícolas que requieren mano de obra para levantar sus cosechas, para mencionar sólo dos casos.

Espero que estas breves consideraciones no me envíen a la clintoniana “canasta de los deplorables”.

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