A propósito de mi A volapié de hace unos días, en el que propuse estudiar el sistema estadounidense de pesos y contrapesos en materia política, un querido y respetadísimo amigo me pregunta: ¿Acaso no será más necesario e importante analizar con detenimiento y seriedad el funcionamiento del sistema político mexicano y su mecanismo de pesos y contrapesos?

En respuesta, le he dicho que creo que sería necesario e importante estudiar ambos en la perspectiva de la relación bilateral, en un horizonte de mediano plazo.

Con el ánimo de hacer un intento para ilustrar mi anterior aseveración, quiero referirme a lo que mencioné al final de mi anterior engendro.

  1. Me parece claro que, con independencia de quien gane las elecciones en los EUA, la revisión del TLCAN será un tema que ocupará un lugar destacado en la interlocución bilateral.
  2. A lo largo de 22 años de vigencia del Tratado, varias voces en el lado mexicano han denunciado sus efectos negativos en el sector agropecuario, en particular en las pequeñas y medianas explotaciones.Hace un par de años, organizaciones campesinas consideraban que era “necesaria una reingeniería o renegociación (en lo relativo) a los productos sensibles para México”.La Confederación Nacional Campesina (CNC) estimaba que durante la vigencia del TLCAN 2.3 millones de campesinos habían emigrado y que otros 5 millones habían cambiado de actividades fuera del ámbito productivo primario.En tanto que la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC), llamaba la atención acerca de la dependencia en materia de importaciones agrícolas: 26% en maíz, 50% en trigo, 95% en soya; 26% en sorgo y 75% en arroz.En el caso de una revisión del Tratado, me pregunto cuáles serían los pesos y contrapesos que entrarían en juego por ambas partes al tocar los aspectos relativos al comercio de productos primarios.

    Al respecto, tengo que recordar que me tocó atestiguar la manera en que hace 23 años el contenido del proyecto de Tratado se sometió a la consideración de las organizaciones ganaderas, dándoles un plazo perentorio de 5 días hábiles para exponer sus puntos de vista al respecto. Es decir, nada.

    Visto lo anterior, la pregunta obligada es ¿en una renegociación del TLCAN en la parte de intercambio agropecuario, la parte mexicana afectada, es decir, los productores medianos y pequeños, en el caso de subsistir, tendrían una representación capaz de negociar condiciones más favorables para ellos?

    Al respecto, cabe mencionar que la visión oficial respecto a los impactos del Tratado en el campo suele combinar el optimismo, en función de los productos en los que el intercambio nos favorece, con las explicaciones climatológicas y de eficiencia productiva, en aquellos que nos es desfavorable.

    Habría que identificar cuáles podrían ser los contrapesos a esa visión oficial.

  3. Otro, muy distinto, es el caso de la industria automotriz, en la que, como consecuencia del Tratado, México ocupa un lugar destacado en las exportaciones mundiales del ramo, con la instalación de  grandes empresas que dan empleo a miles de trabajadores y con el surgimiento de un buen número de empresas medianas y pequeñas que actúan en calidad de abastecedoras de aquellas.Pues bien, la queja viene del otro lado, pues tanto en el campo republicano como en el demócrata hay denuncias relativas a la pérdida de empleos estadounidenses en ese ramo, en virtud de la emigración de la producción a México, en busca de una mano de obra más barata.En una revisión del Tratado. este es un renglón en el que habría entrelazamiento de los pesos y contrapesos de ambos lados, dados los beneficios que obtienen las empresas estadounidenses instaladas en México y los que obtiene nuestro país en materia de exportación de manufacturas.
  4. En TLCAN no incluyó entre sus componentes el relativo a la movilidad laboral.Este aspecto, de crucial importancia en el sector de las empresas agrícolas estadounidenses, se ha venido resolviendo mediante la presencia de grandes contingentes de trabajadores mexicanos indocumentados que realizan las labores de cosecha. Como puede advertirse, se trata de un tema que se conecta indisolublemente con la cuestión migratoria.En la campaña política en curso en los EUA, el candidato republicano ha proclamado su inclinación por medidas que impidan por todos los medios, el acceso de extranjeros indocumentados o su presencia en el territorio de su país;  por su parte, la candidata demócrata ha reiterado su voluntad de impulsar una amplia reforma migratoria.

    Dudo mucho que los empresarios agrícolas estadounidenses se resignen a quedarse con los brazos cruzados, viendo perderse sus cosechas.

    Pues bien, una renegociación del TLCAN podría considerar este aspecto y, ahí, nuevamente, entraría en juego un entrelazamiento de pesos y contrapesos de los dos países, el cual, en un momento dado, podría desembocar en un amplio acuerdo formal en materia de trabajadores migratorios para labores agrícolas. Ojo: utilizó dos veces la palabra podría.

Colofón.

Como puede verse, y nada más asomándonos a la vigencia de un mecanismo del cual forman parte México y Estados Unidos, y las posibilidades de su revisión, resulta apremiante el análisis de los pesos y contrapesos con capacidad de impactar la relación bilateral.

Se trata, desde luego, de una tarea mayúscula que requeriría contar con una beca de esas que las fundaciones otorgan a grupos de trabajo en las universidades gringas, pues advierto que resultaría imposible abordarla en forma individual.

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