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A volapié: Niñez migrante

En su primera plana del pasado 22 de mayo, El Universal publica una nota titulada: “Crisis migratoria en México, alertan”, cuyo contenido fundamental es una entrevista hecha al Comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), Ardelio Vargas Fosado, en la cual hace énfasis en la corriente migratoria que proviene de Centroamérica, particularmente de los países que conforman el llamado Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador).

Conforme a los datos proporcionados por el citado funcionario (los cuales pueden corroborarse en la página electrónica de la Unidad de Política Migratoria), a partir de 2012, si bien con ligero descenso en 2013, se observa un considerable incremento de número de extranjeros que son presentados al INM para fines de aplicación de la ley, la mayoría de los cuales provienen, precisamente, del Triángulo Norte, impulsados por las situaciones de pobreza, falta de oportunidades de empleo y violencia que se viven en esa región. Según Vargas Fosado, el año pasado, la cifra correspondiente superó las 202 mil personas que estuvieron en esa condición.

En el conjunto de la entrevista los datos que más llaman mi atención son los relativos a los números de niñas, niños y adolescentes (NAA) migrantes, que pasaron de 6 mil a más de 37 mil entre 2012 y 2015 y, en especial, de los que lo hicieron sin acompañamiento o en compañía de personas que no pertenecen a sus familias. El último año el porcentaje de los migrantes que conforman este segmento de edad (0 – 17 años), y se internaron a nuestro país sin compañía, llegaría al 50%.

El Comisionado señala que en el INM disponen de procedimientos, ajustados a las necesidades y percepciones de los NNA para plantearles el derecho a recibir la condición de refugiados. Sin poner en duda las afirmaciones de Vargas Fosado sobre este último aspecto, surgen una serie de preocupaciones que considero necesario exponer.

En primer lugar, dado que los tiempos que se requieren para superar las condiciones de desventajas socio-económicas de alcance nacional suelen ser prolongados, y eso lo sabemos por experiencia propia, es de esperarse que el flujo de NNA migrantes provenientes del Triángulo Norte se incremente o, al menos, se mantenga, durante algunos años.

Habida cuenta de lo anterior y de sus consecuencias en términos simplemente numéricos, estamos, en principio, frente a un problema de capacidades para cumplir con lo dispuesto por los ordenamientos jurídicos en la materia, acerca del cual parece sensato hacer algunas consideraciones básicas.

Entre las disposiciones de la Ley de Migración (Mayo de 2011) destinadas a la protección de los grupos vulnerables, de los cuales los NNA migrantes no acompañados forman parte, está establecido que el INM “procederá a canalizar de manera inmediata a tales menores al Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, a los Sistemas Estatales DIF y del Distrito Federal, con objeto de privilegiar su estancia en lugares donde se les proporcione la atención adecuada, mientras se resuelve su situación migratoria” (Fracción I del Art. 112).

El sentido de lo anterior fue ampliamente recogido en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (Diciembre de 2014), la cual dedica íntegramente su capítulo décimo noveno a Niñas, Niños y Adolescentes Migrantes y en el artículo 94 establece de manera puntual que “para garantizar la protección integral de los derechos, los Sistemas Nacional, Estatales y Municipales DIF, habilitarán espacios de alojamiento o albergues para recibir a NNA migrantes. Asimismo, acordarán los estándares mínimos para que los espacios de alojamiento o albergues brinden la atención adecuada a NNA migrantes”.

Cabe señalar que la preocupación por los NNA migrantes está presente en el Programa Especial de Migración 2014 – 2018, decretado en abril de 2014, si bien en las líneas de acción en las que aborda el tema, entre las que sobresale la relativa a “impulsar la coordinación entre dependencias federales y locales que brindan atención a niñas, niños y adolescentes migrantes”, no se subraya la condición de falta de acompañamiento de una parte importante de ese grupo vulnerable.

Un aspecto crucial para complementar la acción del INM en lo relativo a la información a los NNA migrantes no acompañados a los que se les plantea la posibilidad de adquirir la condición de refugiados, reside en la extrema delgadez, para decirlo de algún modo, de la Comisión Nacional de Ayuda a Refugiados (COMAR), a la que corresponde determinar la viabilidad de dicha condición. Los correspondientes tiempos de espera no son necesariamente esperanzadores.

Las preguntas que surgen de manera inevitable al asomarnos a este complejo problema, cuyo carácter es esencialmente humanitario, tienen que ver, con la capacidad real para cumplir con las normas básicas a las que se ha hecho sucinta referencia, tanto en términos de la cantidad y la preparación del personal de las distintas instancias de gobierno que deben intervenir en su manejo, como de la existencia de las instalaciones –fundamentalmente del DIF- que se requieren para cumplir con lo que dicta la ley, habida cuenta de que se está hablando de un número cada vez más cercano a los 20 mil NNA migrantes no acompañados.

Es decir: ¿poseemos los recursos humanos especializados y los recursos financieros y materiales necesarios y suficientes, en las instancias de gobierno federal, estatal y municipal, para dar la debida respuesta a una situación que se vislumbra creciente en el horizonte? ¿O, como en tantas otras materias, la apreciación crítica de dicha situación sólo se ha podido reflejar en la legislación, sin incidir en la realidad?

Marco Alcázar Ávila

Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México, A.C. Embajador de México en Belice. Secretario Técnico de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, presidida por la Senadora Rosario Green. Cónsul General de México en San José, California.
Publicaciones:
“México y Centroamérica: una política integral”, en La política exterior de México, Metas y obstáculos. ITAM, Siglo XXI, 2013.
“El ideólogo en su laberinto”, en Otro sueño americano. En torno a ¿Quiénes somos? de Samuel P. Huntington. Editorial Paidós, 2004.
“Apuntes para una política hacia los mexicanos de allá”, en El Nuevo Milenio Mexicano, Universidad Autónoma Metropolitana, 2004.
“El Mecanismo de Tuxtla y Centroamérica en la política exterior de México”, en Revista Mexicana de Política Exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores., 2000; en coautoría con Laura Mora Barreto.

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