En mis lecturas siempre ha habido un espacio para la novela policíaca o novela negra, como algunos prefieren denominarla. Con el tiempo creo que lo que más aprecio en la obras de este género es la capacidad de sus autores para ofrecer un telón de fondo a la trama en la que un detective o un policía o un criminólogo aficionado tratan de encontrar la punta de la madeja como punto de partida para desenmascarar a los autores de hecho delictivos, en su mayoría asesinatos.

Sin embargo, la parte dedicada a atar cabos puede seguir pautas que han sido analizadas y reconocidas por autores como la celebrada P.D. (Phyllis Dorothy) James en su libro tituladoTodo lo que sé sobre novela negra.

Cuando hablo de telón de fondo pienso, inmediatamente, en Manuel Vázquez Montalbán, que a lo largo de la serie de andanzas de Pepe Carvalho, detective gallego avecindado en Barcelona, me dio la oportunidad de asomarme a los entretelones de la transición política española, después de la muerte de Franco, y de conocer los trapicheos de los grupos de poder que dominaban la escena política de España (y la siguen dominando).

Viene a mi recuerdo que el hoy revalorado El complot mongol, de Rafael Bernal, constituye una extraordinaria descripción de los entreveros políticos del México capitalino de los años 50 y 60 del siglo pasado, sin olvidar el puntual retrato de una capital de la provincia,  hecho en El heroico don Serafín, también ubicado en esos tiempos. Es posible que con este último caso me identifique porque cursaba la preparatoria, precisamente en una ciudad de esas.

Qué decir del retrato de las duras realidades posteriores a la revolución, vividas y resueltas con habilidades e imaginación por la sociedad cubana, descritas con maestría y sin estridencias por Leonardo Padura, mientras conduce a su personaje, Mario Conde, a través de los entresijos que han de llevarlo a desentrañar la autoría de uno o más crímenes.

¿Y cómo agradecerle a Henning Mankell descorrer el velo de lo que para mí era el gran ejemplo de la convivencia social y poder vislumbrar las mezquindades de los habitantes de una Suecia tan propensa, como cualquier otra sociedad, a la maldad que se encuentra en las profundidades de la enorme mayoría de los seres humanos?

O la oportunidad de entrar hasta la cocina de los habitantes de una pequeña ciudad en New Hampshire, que nos regala el suizo Joël Dicker, mientras desenreda La verdad sobre el caso Harry Quebert, o de asomarnos a la bucólica campiña italiana que sirve de escenario a Andrea Canilleri para El movimiento del caballo

Todo lo anterior sin dejar de mencionar las realidades de una Sinaloa actual, en la que los enfrentamientos callejeros entre grupos rivales de la delincuencia no dejan una estela de cadáveres, pues cada uno carga con sus muertos, sin que nadie intervenga, como nos lo hace saber Elmer Mendoza y ya me lo había comentado una irrefutable testigo presencial. Aunque no vayan a creer que Culiacán tiene la exclusiva, pues una nota de El País (jueves 17 de sept.), narra cómo se las gastan los “cachorros” de la Camorra en Nápoles, en cuyo territorio luchan a tiro limpio y lo que tiene más valor es el silencio. “Un silencio que vale oro donde la vida no vale nada”.

Podría seguir citando ejemplos, llegados de todas las latitudes del planeta, pero creo que con lo dicho es suficiente para afirmar que no concibo la tarea de leer, sin el entrevero de la novela policíaca que, cuando está escrita con rigor y profundidad, el manejo del telón de fondo, que sutilmente es otro de los personajes, resulta muchas veces mejor que géneros doctos que buscan dirimir los misterios que se encuentran detrás de las conductas de los conglomerados humanos.

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Sobre el autor

Marco Alcázar Ávila

Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México, A.C. Embajador de México en Belice. Secretario Técnico de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, presidida por la Senadora Rosario Green. Cónsul General de México en San José, California. Publicaciones: “México y Centroamérica: una política integral”, en La política exterior de México, Metas y obstáculos. ITAM, Siglo XXI, 2013. “El ideólogo en su laberinto”, en Otro sueño americano. En torno a ¿Quiénes somos? de Samuel P. Huntington. Editorial Paidós, 2004. “Apuntes para una política hacia los mexicanos de allá”, en El Nuevo Milenio Mexicano, Universidad Autónoma Metropolitana, 2004. “El Mecanismo de Tuxtla y Centroamérica en la política exterior de México”, en Revista Mexicana de Política Exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores., 2000; en coautoría con Laura Mora Barreto.

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