Entrar en una librería buscando un título, pero abierto a los hallazgos, es una manera de resbalar hacia el empobrecimiento paulatino, dados los actuales precios.

Me acaba de ocurrir, para mi fortuna (valga la contradicción). Fui a buscar un par de obras a las que les tenía echado el ojo y me topé con La música de las letras, Personalísima guía de lectura, de Fernando Savater.

Se trata, como el subtítulo lo indica, de formidables consideraciones acerca de las lecturas y los literatos que han dejado huella en don Fernando, desde su niñez hasta fecha reciente. Así, lo mismo aparecen Tintín, el gran personaje de Hergé (en ocasiones me asomé a ese comic), hasta Voltaire, pasando por una larga cauda de notables gentes de letras. En algunos casos, no se trata de referencias puntuales, sino de reflexiones acerca de temas varios, así como experiencias vividas de las cuales vale referir “Aguirre o la amabilidad de Dios”, relativa a la generosa acogida que recibió de Jesús Aguirre, director de Taurus, merced a la cual escribió y publicó su primer libro, Nihilismo y acción, y otra “Mi Paz os doy” narrando su relación con Octavio Paz: “una de mis tablas de salvación y también un motor para navegar fuera (de) borda y a contracorriente”.

El excitante repaso de Savater, me devolvió a El último lector, de Ricardo Piglia, disfrutado hace poco. Este escritor argentino que lamentablemente nos acaba de abandonar, comienza por responder a su propia pregunta: ¿Qué es un lector?, y refiere una expresión de Borges invidente: ”Yo soy ahora un lector de páginas que mis ojos ya no ven”. De ahí se desliza por Malcolm Lorry, Roberto Artl y otros hasta llegar al Hamlet de Shakespeare. Sus textos acerca de Ché Guevara y Ana Karenina, son para repasarse una y otra vez, sin olvidar el intenso referente a Kafka, de quien rescata una expresión referida a la Odisea: “Las sirenas tienen un arma más temible que su canto: su silencio”.

Después de esas dos vivencias, me vi obligado a regresar Cómo leer y por qué, de Harold Bloom, quien me recuerda a mi querido maestro de sexto año diciendo “sólo quiero enseñar a leer”. Esta modesta proposición la extiende Bloom, refiriéndose a cómo leer cuentos, poemas, novelas y obras teatrales. Por cierto, comparto su entusiasmo por Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, sin duda uno de los mejores ejemplares del género cuentístico, del avasallador talento de Jorge Luis Borges.

El riesgo de abrir este tipo de ventanas es asomarme a las gigantescas dimensiones de mi ignorancia y desear vivir otra vida y en otro tenor, por ejemplo como becario a perpetuidad, para reducirla en alguna medida, leyendo lo más que se pueda de todo lo mucho que me falta.

Por último, una reflexión de Cristina Rivera Garza: “La lectura es imaginación, ciertamente, o no lo es. O no será”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *