Llevar a cabo la reinserción física a un espacio físico que cumplía las funciones de lo que pomposamente llamamos estudio, el cual había estado en el descuido desde hace poco más de dos años, conlleva la necesidad de identificar lo que está reunido en él y tratar de darle un orden, incluso prescindiendo de una parte por considerar que ya no cumple propósito alguno. Pero este proceso tiene, de manera inevitable, la capacidad de llevarnos a tropezar con objetos que provocan nuestra curiosidad y nos llevan a revisarlos con algún detalle.

Esto me ha acontecido con el ejemplar del suplemento dominical El País Semanal, fechado a fines de diciembre de 2011, al cual en su portada se refería como “el año más convulso”.

Había sido el año en cuyos inicios surgió la llamada “primavera árabe”, que en lo inmediato trajo consigo profundos cambios políticos en la parte norte de África, identificada como “mundo árabe”. Cayó el gobierno de Túnez, el dictador egipcio Mubarak se vio obligado a renunciar, su colega libio Gadafi perdió el poder y la vida. Para quienes comentaron estos acontecimientos, parecía abrirse un horizonte de cambios significativos y positivos para las sociedades de la región.

Sin embargo, cinco años después, el panorama no resulta tan alentador. Salvo en el caso de Túnez, que ha podido llevar adelante un proceso democrático, en el vecindario la situación no puede calificarse de halagüeña. En Egipto, después de un breve paréntesis con el gobierno de los Hermanos Musulmanes, el ejército volvió por sus fueros y su máximo dirigente Al ISIS, es quien está al mando del país con métodos aprendidos en los tiempos de Mubarak. Libia está sumida en el caos de las luchas facciosas y su debilidad ha abierto espacios territoriales al Estado Islámico. En Siria continúa una guerra que no parece tener fin, con todo y la intervención de Estados Unidos y Rusia, o tal vez por eso.

Mientras, el planeta ha sido testigo del surgimiento del ya referido Estado Islámico (EI), lo que hubiera parecido impensable el primer día de mayo de 2011, cuando Barack Obama y su entorno más cercano, se reunieron para ser testigos, a través de una transmisión televisiva especial, de la captura y ejecución de Osama Bin Laden; la imagen correspondiente forma parte del contenido de la revista. Pero ahora sabemos de la expansión territorial del EI y de su capacidad para llevar a cabo atentados en ciudades europeas, bajo el signo de la más aguda intolerancia religiosa.

Al final de cuentas, lo que se advertía como una corriente de aire fresco para la región, se ha traducido en uno de los mayores éxodos de los tiempos recientes. La oleada de refugiados procedentes el norte de África ha trastocado de manera significativa la convivencia europea y sus impactos a mediano plazo constituyen una gran incógnita que puede estar desembocando en una recomposición de fuerzas a escala planetaria.

Aunque, justo es decirlo, la corriente migratoria no es la única causa de la inestabilidad de la Unión Europea (UE), pues las decisiones tomadas por lo que en ese número de El País Semanal, se identificaba como “la pareja del año y del euro” (Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy) han impuesto medidas de austeridad, para salir de la crisis de 1908, que se han prolongado y tienen a países como Grecia al borde de la inanición. Cierto que había desacuerdos con el Reino Unido, pero no se vislumbraba su posible salida de la UE como resultado de una consulta ciudadana próxima a realizarse.

Por último, tengo que mencionar que, al hojear la revista, entre otras muchas imágenes encuentro una a doble plana con el encabezado “El clamor de los indignados”, en la cual aparece la Puerta del Sol de Madrid, tomada el 15 de enero del año de marras por miles de manifestantes inconformes con la situación económica y social de España. Ahí está el germen de Podemos, formación política que hoy tiene la capacidad de desplazar al PSOE del segundo lugar en las preferencias electorales de los españoles.

Digo todo lo anterior porque, al final de cuentas, un documento como el hallado en mis afanes reorganizativos, me hace ver que, en todo caso, su contenido se trata solamente de una especie de fotografía, porque, como dice mi compadre, a cinco años de distancia la realidad, que es más cercana a una película, ha acabado por atropellarnos.

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Sobre el autor

Marco Alcázar Ávila

Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México, A.C. Embajador de México en Belice. Secretario Técnico de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, presidida por la Senadora Rosario Green. Cónsul General de México en San José, California. Publicaciones: “México y Centroamérica: una política integral”, en La política exterior de México, Metas y obstáculos. ITAM, Siglo XXI, 2013. “El ideólogo en su laberinto”, en Otro sueño americano. En torno a ¿Quiénes somos? de Samuel P. Huntington. Editorial Paidós, 2004. “Apuntes para una política hacia los mexicanos de allá”, en El Nuevo Milenio Mexicano, Universidad Autónoma Metropolitana, 2004. “El Mecanismo de Tuxtla y Centroamérica en la política exterior de México”, en Revista Mexicana de Política Exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores., 2000; en coautoría con Laura Mora Barreto.

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