Hace algunos ayeres en el puerto de Manzanillo, en el departamento de un querido amigo (que ya no está[1]), conocí a don Eulalio Ferrer (que ya tampoco está), quien después de haber sido luchador por la República Española, vino a México y fundó una próspera agencia de publicidad. Valiéndome de mi atrevimiento, le dije al que en ese tiempo era reconocido como el número uno en su ramo, que a mí me parecía que lo que más vendía la publicidad era…publicidad. Don Eulalio se quedó pensativo y, después de unos momentos, me dijo que a lo mejor así era.

Viene a cuento porque, cada vez con mayor frecuencia, aparece publicidad en inglés, lo que materialmente me revuelve las tripas. Nada menos, ahora en el todavía De Efe hay numerosos “espectaculares” anunciando un whisky de segunda con una estúpida pregunta en el idioma de Churchill.

Pero en eso de la publicidad, como en todo, hay historia y yo tengo la mía.

Siendo niño (alguna vez lo fui) viajaba  mucho en los tranvías de la capital, cuyos vagones, en su interior, ostentaban en la parte superior diversos anuncios. Recuerdo algunos. Dos de ellos de una bebida llamada habanero, que no era otra cosa que aguardiente de caña, o sea un ron; pero en ese tiempo, tanto el ron como el tequila, eran socialmente mal vistos. Después vinieron las marcas como Potosí, Bacardí y  otros, hasta llegar a los ahora importados Havana Club, Matusalén, Flor de Caña y Zacapa (cada vez más caros, como los tequilas “de marca”) Pero lo de entonces era el habanero y los anuncios decían:

  • De los astros, el sol. De los habaneros, Ripoll.
  • Se toma un whisky el inglés, un mate el gaucho en la pampa, un cognac el buen francés, pero en México… Tenampa.

Por cierto que los focos (bombillas, para los exquisitos) que alumbraban el interior de los tranvías, tenían la siguiente leyenda: Robado a Transportes Eléctricos de México. O sea que por mañas nunca hemos parado.

También había anuncios de sombreros: De Sonora a Yucatán, todos usan sombreros Tardán. Creo que en el Portal de Mercaderes subsiste un expendio de esa marca.

Y había otro anuncio que llamaba mi atención. Era el de Colorantes Pitman, el cual estaba ilustrado con la escena de un jinete de casaca roja, montado en un caballo blanco, galopando para subir o bajar una escalinata. Ese me hacía pensar en el Pimpinela Escarlata, del cual había tenido alguna noticia, pero no sabía que se trataba del personaje de una novela que nunca leí.

Fueron también los tiempos de la publicidad radiofónica, con la utilización de lo que, hasta ahora se conoce como jingles, con sus correspondientes musiquitas.

Palmolívese, emballézcase, Palmolive la da calidad. Con su mezcla de oliva y palma, Palmolive le da suavidad.

…use Colgate, fresca y famosa crema dental. No recuerdo la publicidad de Ipana, su principal competidora, que por cierto me gustaba más porque no picaba; es más, era medio dulzona.

Se escuchaban anuncios de cerveza Saturno y otras. Una de ellas, para subrayar la absoluta preferencia del público nacional, afirmaba: 20 millones de mexicanos no pueden estar equivocados. No imaginaba que llegarían otros 100, con todo tipo de dudas y equivocaciones.

Comenzaba el uso de detergentes: ¡Siga los tres movimientos de FAB, remoje, exprima y tienda! Sólo imaginen lo que pasaba a las prendas a las que se aplicaba puntualmente esa receta.

No faltó algún anuncio con presunción de sagacidad política: El Tapado fuma Delicados. Les falló, porque el destapado, Adolfo López Mateos, fumaba Elegantes extra, con boquilla de ambar.

Por último, cabe recordar los brevísimos anuncios que pasaban entre minuto y minuto, en lo que se conocía como “la estación de la hora exacta” la XEQK:

  • Pascual, Pascual, Pascual, 25 centavos, 25 centavos, 25 centavos. 
  • Toallas de La Josefina, las que sí secan desde nuevas. 
  • Bañarse, qué delicia, si el agua es pura y el jabón Caricia. 
  • Rhum Negrita Bardinet, prestigio mundial.(nótese que no era ron, sino rhum) 
  • Bárbara, bárbara, barbarita, leche tan fresca que hace tres horas era pasto… 
  • Y ahora la hora exacta, por cortesía del Observatorio Astronómico Nacional, son las siete y media (hora de salir corriendo a la escuela).

El anuncio de la lecha Bárbara lo hacía, con su voz nasal, Humberto G. Tamayo, que también era famoso por sus Tamayogramas, pero eso es otra historia.

Posdata: ¿No habrá un alma caritativa que le regale un medio kilo de pinole a Vicente Fox?


[1] Plagio vil de una expresión utilizada por un inmejorable articulista, estupendo arquitecto y mejor amigo tapatío.

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