El 7 de marzo de 2011, en una nota firmada por Karla Mora El Universal, informó lo siguiente:

“El Instituto  Nacional de Estadística y Geografía en su sede del Distrito Federal, reveló que en 2010, la edad media de los capitalinos aumentó a 31 años, respecto a la de hace diez años cuando era de 27.

José Luis Bonilla Mávil, director del Inegi en la capital mexicana, detalló que el Censo de Población y Vivienda 2010 arrojó un resultado total de 8 millones 851 mil 80 personas.

De esa cantidad, la población menor de 15 años representa el 22.4 por ciento, mientras que la que se encuentra en edad laboral, 15 a 64, constituye el 69.7 por ciento, y el porcentaje de los adultos mayores es de 7.9.

Detalló que la estructura por edad de la población se ha transformado, de modo que disminuyó el número de personas entre cero y catorce años. En tanto aumentó la que está entre los 30 y los 40 años.

Acompañado de los coordinadores Guadalupe Castro y Samuel Sánchez, el director manifestó que de acuerdo a las cifras, la población capitalina tiende a envejecer, debido a que también se ha registrado una baja en el número de nacimientos, ya que en el 2000 el promedio de hijos era de 1.5 y en 2010 de 1.3 nacimientos”.

En el supuesto de que esta tendencia se haya mantenido e incluso incrementado en los siguientes 5 años, es decir hasta 2015, podría suponerse (sin conceder, como dicen los abogados) que la edad media de los habitantes de la hoy futura Ciudad de México podría estar entre los 33 y los 35 años.

Lo anterior viene a colación, porque al hacer una veloz revisión de los antecedentes de los 28 integrantes del grupo de trabajo al que se ha encomendado la elaboración del proyecto de constitución política de la Ciudad de México, pude saber que la edad promedio de 17 de ellos es de 64 años (pese a la inclusión de un chavo de 19). De los otros once no encontré en la internet el año de su nacimiento (hay un caso en el que ese dato está tachado en la ficha curricular), aunque sé bien que por lo menos 5 de ellos elevarían el citado promedio.

Se advierte, pues, que hay un hiato del orden de 30 años entre las edades del conjunto que vive en el Distrito Federal y quienes están encargados de redactar la carta magna que regirá el destino político de la ciudad.

No tengo nada contra la edad, yo acabo de cumplir 76 años, ni tampoco desprecio la experiencia, pero creo que debiera haber un mayor equilibrio en el asunto, puesto que quienes van a vivir con el nuevo régimen político tienen, por necesidad, una mayor expectativa de vida.

¿Realmente no hay en el D.F. personas con una edad promedio digamos entre 45  y 50 años con los suficientes méritos (sociales, políticos, académicos, etc.) para formar parte significativa del grupo de trabajo? Francamente lo dudo.

Por lo demás, se puede notar que hay una fuerte presencia juridicista y de los llamados científicos sociales, con la inyección de defensores de derechos de varios grupos,  pero con una notable ausencia de gente proveniente de otros segmentos de la vida citadina. Los actores económicos, para poner un solo ejemplo.

Pero como decía, en un programa de radio que escuchaba en mi lejana niñez, un señor al que apodaban Pepe el Regañón: “yo no regaño, yo digo y nada más”.

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