Venezuela.

Imposible negar que al paso del tiempo el régimen que nominalmente encabeza Nicolás Maduro ha venido acentuando su deriva autoritaria y represiva.

Tampoco es posible ignorar que, también al paso del tiempo, eso de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no deja de ser sino un triste apodo.

La manera de proceder del gobierno que se reclama chavista y bolivariano es algo que no parece requerir comprobación. Pero lo del MUD es importante puntualizarlo.

Como lo comenté en una nota como ésta, fechada el pasado 6 de agosto, habría que revisar el destino dado al capital político obtenido tanto en las elecciones presidenciales en abril de 2013, en las cuales Capriles el candidato de la MUD, obtuvo el 49.1% frente al 50.6% con el que ganó Maduro, como en las legislativas de noviembre de 2015, cuando prácticamente duplicaron el número de escaños (109) frente a los 55 conseguidos del Partido afín al presidente. Lo anterior, sin olvidar la obtención de más de 7 millones de votos contrarios al establecimiento de la Asamblea Nacional Constituyente a finales de julio del año en curso.

La respuesta puede encontrarse, en buena medida, si se consideran las posiciones personalistas de los principales dirigentes de la propia MUD, contrarias al propósito de unidad.

Otra parte significativa de la respuesta se ubica en la incapacidad de la MUD para identificarse con claridad a los problemas económicos, sociales y políticos de las grandes mayorías de los venezolanos. Ha primado el interés de sus dirigentes por la obtención del poder, sin hacer claro para qué. Es decir, no basta con declararse demócratas sin considerar las necesidades de la sociedad y establecer un diálogo con ella.

Por último, me permito traer a colación las consideraciones hechas apenas ayer por Felipe Pérez Martí, quien fue Ministro de Planificación del gobierno venezolano entre los años 2002 y 2003 bajo la primera presidencia de Hugo Chávez., las cuales se refieren a la aceptación de los grupos integrantes de la MUD a participar (cada uno por su lado) en las próximas elecciones de gobernadores.

Es un supuesto falso –dice Pérez Martí –“que la oposición tiene algo que ganar con las elecciones de gobernadores. Al contrario: pierde, y de origen: al validar a la Asamblea Nacional Constituyente, el Consejo Nacional Electoral (y) el gobierno. En el contexto de derrota, el gobierno no va a otorgar gobernaciones, a menos que le convenga más de lo que pierde”.

En suma, lo que puede avizorarse en el caso venezolano es la prolongación y profundización de una grave crisis, en la que gobierno y oposición están haciendo su aporte.

Cataluña.

 En este caso las posiciones radicales provienen de quienes dominan el espectro político catalán y han venido dando pasos desde 2012 para tratar de culminar un proceso cuyo propósito es independizar de España a Cataluña. Esos pasos han sido encabezados primero por Artur Mas y ahora por Carles Puigdemont, ambos en su calidad de presidentes de la Generalidad de Cataluña.

El Govern de Cataluña, respaldado por grupos políticos radicales, ha convocado a un referéndum a realizarse el 1 de octubre, cuyo resultado podría (o no) recoger la voluntad de los catalanes de dejar de pertenecer a España.

Un resultado en favor de la independencia tendría múltiples y complejas consecuencias que rebasarían el ámbito español y se extenderían al europeo, con todo lo que ello puede implicar.

En los últimos días el gobierno español ha definido medidas judiciales y administrativas destinadas a impedir la celebración del citado referéndum, al que ha calificado de ilegal. El panorama en estos momentos es sumamente complicado y los hechos que se produzcan en los próximos días tienen el potencial de desembocar en indeseables escenarios en los que incluso pudiesen producirse hechos violentos.

Lo que desde hace tiempo han venido destacando quienes han seguido de cerca y analizado la situación de Cataluña, así como el afán de sus dirigentes por separarla de España, es la desidia de Mariano Rajoy, quien es el presidente español desde 2011, para hacer frente a la misma y tratar de conducirla por la vía política, antes de llegar al actual enfrentamiento.

Por lo demás, esta circunstancia no es única y el comportamiento de Rajoy ha sido similar en otros temas relevantes. Al parecer, en sus cálculos, el tiempo acaba por resolver cualquier problema. Ese criterio le ha permitido flotar en el espacio político español durante casi seis años, claro está, con la connivencia de los españoles.

Estamos, pues, ante otro peligrosa coyuntura de carácter político a la que han contribuido eficazmente, por comisión, los promotores del independentismo catalán y, por omisión, el gobierno español.

De regreso al escenario de las amenazas nucleares.

 En este caso los actores son, por una parte, Kim Jong–un, líder supremo de la República Popular Democrática de Corea y, por otra, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América.

El duelo de amenazas ha estado acompañado por acciones norcoreanas destinadas a evidenciar los avances que ha conseguido tanto en la fabricación de armamento nuclear como en los medios para su transporte hacia otros países.

El cómo ha adquirido Corea del Norte esas capacidades es objeto de sesudos análisis de expertos, cuya mayor conclusión es que esa nación ya tiene las credenciales necesarias y suficientes para sentarse en la mesa de las potencias nucleares.

Ante cada episodio de las demostraciones norcoreanas, siempre acompañadas por declaraciones de su vociferante dirigente, las respuestas han sido las amenazas de feroz violencia por parte del vociferante mandamás estadounidense.

Desde el tiempo en que se “decretó” el final de la llamada guerra frían, el mundo no había vivido la expectativa de una conflagración en la que pudiesen predominar las armas nucleares.

Uno de los problemas que se advierte es la incógnita acerca del papel que China y Rusia juegan en ese escenario.

Pasará algún tiempo antes de que sepamos algo más acerca de las profundidades de asunto. Eso si ninguno de los dos vociferantes se decide a apretar el botón y hace realidad el final deDrStrangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, obra espléndida del genial Stanley Kubrick, realizada en colaboración con otro grande: Peter Sellers.

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