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A volapié. Eso que están llamando Constitución

El pasado 23 de marzo, Héctor de Mauleón publicó en El Universal un artículo titulado “La Constitución está perdida, sin brújula” en el que refería que algunos entre los 28 notables (más uno) seleccionados por el jefe de gobierno de la ciudad de México para elaborar un borrador de eso que un buen amigo mío ha descrito como un simple bando de policía y buen gobierno, se quejaban de que a dos meses de la instalación del grupo no ha comenzado a redactarse formalmente un solo párrafo del proyecto que deberá ser presentado en junio.

Priva, decía el articulista, “la sensación de que se está perdiendo el tiempo en discusiones eternas, en las que se trata, por ejemplo, de definir qué es una Constitución…La queja general es que se habla mucho, se opina sin límites. No existe una metodología clara de trabajo”.

Y agregaba: “Nadie sabe quién redacta, cómo se discute, ni cómo se llega a acuerdos…Las reuniones, relatan los notables, consisten en una lluvia de ideas que se llevan a casa con la tarea de establecer grupos temáticos”.

El día de hoy, en ese mismo diario, Katia D’Àrtigues dice: “Esta semana, el jefe de Gobierno, anunció que tiene un nuevo consejo asesor externo para la redacción de la iniciativa de la Constitución de la CDMX (Ciudad de México, pues), que encabeza Juan Ramón de la Fuente… Así, hay dos grupos que participarán en la redacción del texto. Y hasta donde sé… nadie tiene claro qué papel tiene cada uno… Por un lado está el grupo redactor de 29 personas, comandadas por Porfirio Muñoz Ledo, (se pensaba que él ya tendría un proyecto a discutir, pero no)”… y por otro está el nuevo grupo de los 20 más uno.

Cabe señalar que Muñoz Ledo ha dicho, por lo menos en un par de ocasiones, que se tiene un considerable avance en la conceptualización del futuro texto constitucional, pero…

En suma, hay un total de 50 personas, con trayectorias muy destacadas en los más diversos ámbitos, que deben arribar a un documento único que será el que tendrá que discutir la asamblea constituyente a partir de septiembre.

Lo anterior me hace recordar a un jefe que me dijo que la jirafa había sido diseñada por una comisión: ojos de vaca, cuernos que no son cuernos, cuello interminable, manchas de leopardo, patas traseras más cortas que las delanteras, etc.

Pero bromas aparte, como oriundo de esta urbe y reinsertado en ella, no deja de preocuparme el contenido del documento que, supuestamente, regirá la vida citadina.

Se ha dicho reiteradamente que será “progresista”, cualquier cosa que eso signifique, y que tendrá muy en cuenta los derechos de las minorías de todo tipo. Lo cual me parece estupendo.

Sin embargo, sería deseable que proteja debidamente los derechos de las mayorías, tanto los de los ocho y pico de millones que según el censo habitan en lo que para mí todavía es el DF, como de los varios millones que acuden a èl diariamente por razones de orden económico.

Entre otros aspectos, sería deseable que en el catálogo de intenciones constitucionales quede claramente establecida la prohibición de la invasión de los espacios públicos. Es decir:

  • de las calles y banquetas, actualmente tomadas tanto por construcciones faraónicas, como por marchas y plantones que hacen tortuosa la movilidad urbana, cuando no constituyen impedimento para las que personas puedan acudir con normalidad a sus centros de trabajo o estudio. Lo anterior, sin olvidar la toma de la calle por particulares que instalan todo tipo de obstáculos para que nadie pueda estacionarse frente a lo que consideran la extensión de sus aposentos;
  • del espacio visual invadido por anuncios “espectaculares” de toda laya, al igual que pegotes en postes y estructuras viales;
  • del espacio auditivo agredido por establecimientos que creen atraer clientes con enormes bocinas instaladas en la vía pública y también por grandes fiestas al aire libre que suelen durar hasta las dos y tres de la mañana para tortura de quienes tienen derecho al descanso y necesidad de èl.

Lo anterior y su estricta observancia sería verdaderamente un componente digno de aplauso por la mayoría de quienes habitan en y circulan por la megalópolis. Lo demás será simplemente un ejercicio complejo y costoso, con grave riesgo de llegar a un resultado gatopardista, en el que todo se cambiará en la letra para que todo quede igual en la práctica cotidiana.

Marco Alcázar Ávila

Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México, A.C. Embajador de México en Belice. Secretario Técnico de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, presidida por la Senadora Rosario Green. Cónsul General de México en San José, California.
Publicaciones:
“México y Centroamérica: una política integral”, en La política exterior de México, Metas y obstáculos. ITAM, Siglo XXI, 2013.
“El ideólogo en su laberinto”, en Otro sueño americano. En torno a ¿Quiénes somos? de Samuel P. Huntington. Editorial Paidós, 2004.
“Apuntes para una política hacia los mexicanos de allá”, en El Nuevo Milenio Mexicano, Universidad Autónoma Metropolitana, 2004.
“El Mecanismo de Tuxtla y Centroamérica en la política exterior de México”, en Revista Mexicana de Política Exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores., 2000; en coautoría con Laura Mora Barreto.

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