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A volapié: Envidia

La lectura de diarios es un género que no se me ha dado, a pesar de que una querida y apetecible amiga me haya prestado, allá por 1972, los diarios de Kafka; de los cuales no guardo recuerdo alguno.

He tenido referencias de los diarios de Alfonso Reyes y otros, que quizá debiera haber leído. Hace poco, por una revista, pude asomarme al diario de Alejandro Rossi, pero párenle de contar.

De pronto me he visto enfrascado en los Diarios de Emilio Renzí (ER), el “walter ego” (por su peso) de Ricardo Piglia (RP). Se trata de los diarios escritos por Piglia, cuyo nombre completo es Ricardo Emilio Piglia Renzi, a partir de 1957.

La explicación de porqué fui a dar a los diarios de ER tiene dos fundamentos. Primero, soy un fan de Piglia. Su prosa e imaginación, en cuentos y novelas me parece digna de la mayor envidia, aunque sé bien que ese no es un don que pueda envidiarse. Segundo, como ya lo advertí en otro momento, Babelia, el suplemento cultural sabatino de El País, catalogó Los diarios de Emilio Renzi como el libro del año. Y para mi fortuna ya había llegado a las librerías (el plural es una metáfora) de la recién parida ciudad de México, así que lo adquirí y lo leí de la página 11 a la 358.

Y ahora viene el porqué de mi envidia.

No tiene que ver con la vida vivida por ER (RP), pues bien sé que las vidas son irrepetibles y si comparo la suya con la mía, encuentro que en la etapa que consigna en esta primera entrega (serán tres en total) yo me había divertido a mi manera mucho más que él. Nos separan menos de dos años de edad; él es de fines de 1941 y yo de los penúltimos días de 1939. Es decir, él estaba naciendo con la segunda guerra mundial y yo con los impactos de la expropiación petrolera del general Cárdenas.

Mi envidia proviene de que, en los años equivalentes a la prepa, ER estaba leyendo a Verne, Camus, Pavese, Faulkner, Güiraldes, Stendhal y De Amicis, mientras yo sólo conocía al último por mediación de mi madre y mi abuela, para derramar lágrimas por el pequeño vigía lombardo y otros personajes de Corazón, el diario de un niño, en un momento en el que, como dice ER/RP: “lo maravilloso de la infancia es que todo es real”.

Aunque algún maestro en la prepa hiciese el intento de asomarnos a La Ilíada, llevándonos a leer en voz alta sus primeras líneas, sólo para que un compañero, con la entendible desesperación de don Francisco Amos Cabrera de la Rosa, empezara diciendo: ¡Canta odiosa…etc!, en lugar de: Canta ¡oh diosa! la cólera del pélida Aquiles…”, todo fue en vano.

A Stendhal lo vine a leer hasta el año pasado, a pesar de las reiteradas referencias de un querido amigo que citaba con gran convicción la trama de Rojo y Negro. A los otros autores, y no a todos, los he ido leyendo en el transcurso de décadas.

La envidia, pues, proviene del hecho de que un estudiante argentino de los años 55 del siglo pasado se haya podido asomar a las páginas de los escritores antes mencionados, mientras nosotros estábamos en la baba, para decir lo menos.

Y también me produce profunda y malsana envidia que ER haya podido ver en su época de preparatoriano, como él lo refiere, El ciudadano Kane, Las noches de Cabiria y otros tantos filmes que yo tuve que esperar a que se exhibieran en los cineclubes de mi segunda etapa universitaria para verlos.

Lo malo (o lo bueno, según se mire) es que, como dijo el caballo del picador, todo en esta vida tiene sus compensaciones. Con ello quiero decir que, si la formación de ER y sus coetáneos hubiese seguido su camino ascendente, la Argentina sería hoy el faro luminoso que guiara a las Américas y no tendría que ser otro país del continente en busca de un mejor destino.

Como puede verse, la envidia es otro de los platos que hay que saborear cuando se han enfriado.

Marco Alcázar Ávila

Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México, A.C. Embajador de México en Belice. Secretario Técnico de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, presidida por la Senadora Rosario Green. Cónsul General de México en San José, California.
Publicaciones:
“México y Centroamérica: una política integral”, en La política exterior de México, Metas y obstáculos. ITAM, Siglo XXI, 2013.
“El ideólogo en su laberinto”, en Otro sueño americano. En torno a ¿Quiénes somos? de Samuel P. Huntington. Editorial Paidós, 2004.
“Apuntes para una política hacia los mexicanos de allá”, en El Nuevo Milenio Mexicano, Universidad Autónoma Metropolitana, 2004.
“El Mecanismo de Tuxtla y Centroamérica en la política exterior de México”, en Revista Mexicana de Política Exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores., 2000; en coautoría con Laura Mora Barreto.

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