No me cabe duda que una parte destacada de los mexicanos debería ser merecedora de galardones gracias a sus pesquisas y descubrimientos a toro pasado.

Digo lo anterior porque, como consecuencia de los amenazantes anuncios del cada vez más ineficiente presidente de los Estados Unidos de América (ver comentario del Wall Street Journal a pie de página) [1], se ha despertado un gran interés en los medios de comunicación masiva y entre sus opinólogos de planta, en los gobiernos federal y estatales, en los partidos políticos y sus dirigentes y, por supuesto, en algunos segmentos de la sociedad, por el destino que aguarda a los migrantes mexicanos indocumentados que son o pueden ser objeto de deportación por las autoridades estadounidenses. Incluso ahora se publican lacerantes reportajes que ilustran el drama que viven aquellos que ya han llegado de regreso a México en contra de su voluntad.

En uno de mis engendros anteriores me permití señalar la hipocresía imperante en todos los segmentos antes referidos, respecto a la dinámica migratoria entre México y Estados Unidos que priva desde hace bastantes décadas.

Quienes hayan tenido la oportunidad de ser testigos presenciales del fenómeno migratorio de mexicanos hacia el vecino del norte, si tienen memoria y una pizca de honradez, saben muy bien que no estamos presenciando algo novedoso y digno de ser traducido en un culebrón por entregas en las televisoras comerciales o en las oficiales.

Hay muchas historias de los migrantes mexicanos indocumentados, tanto de los que están allá, como de los que han sido deportados. Conozco varias de esas historias y actualmente tengo la fortuna de contar con un informante de lujo.

Se trata de alguien que apoya la movilidad de mi familia en esta sufrida megalópolis con su taxi. Él vivió 17 años en el área de San Diego, California, en condición de indocumentado y se desempeñó en la conocida modalidad de multiusos (jardinero, albañil, mantenedor de vehículos motorizados y otras habilidades más). Se fue solo y poco después atrajo a su esposa y a los dos hijos que ellos habían procreado, así como a un hermano menor. Él fue deportado, en tanto que su esposa, de la que se encuentra en proceso de divorcio, se quedó allá y regularizó su situación. Los dos hijos se encuentran en situación de dreamers y, por lo pronto, parecen estar protegidos en materia migratoria.

Mi amigo, pues eso hemos llegado a ser, ya le pidió a uno de sus hijos que reúna los papeles que él dejó atrás: entre otros, su tarjeta de seguro social y comprobantes de pago de impuestos a los que estaba obligado, así como cartas de recomendación de las personas para las cuales trabajó. No lo dice, pero es claro que está pensando que en el futuro habrá nuevas oportunidades para desplazarse y, una vez llegadas, podrá intentarlo utilizando conductos oficiales con apoyo en su historial documentado.

Otros han vivido la experiencia de ser deportados y de volver a cruzar la frontera, en algunos casos no una sino varias veces más.

Lo que me dice mi informante es que quienes se van, saben muy bien a lo que le van tirando y rápidamente procuran aprender los trucos. Mañas y demás para permanecer en territorio de los EUA y son conscientes de los riesgos de diversa índole a los que están expuestos, entre ellos la deportación. Esos datos corroboran lo que me ha tocado conocer de otras personas en forma directa.

Como él, otros muchos aceptan que la fortuna les dio la espalda y han buscado, sin mayores, ni menores, apoyos gubernamentales (incluso durante la etapa del gran deportador en jefe, Barack Obama), la manera de reinsertarse en la sociedad que pretendieron dejar atrás. No es que se encuentren en el colmo de la felicidad, pues aspiraban a convertirse en integrantes de la sociedad que vive allende nuestra frontera norte, inclusive  después de haber probado sus muchas veces agridulces “mieles”, pero no buscan ser objeto de conmiseración.

Eso, que tiene que ver con la identidad, es un asunto por demás complejo y ampliamente ignorado y estudiado, pues reditúa más pensar en los mexicanos de aquí y de allá. Yo mismo escribí acerca de ese tema bajo una perspectiva de esa índole.

Repito, esto no es nuevo y hay miles de historias de migrantes, en ambos lados y tierra adentro de la división entre las dos naciones, seguramente con los matices más dispares.

Lo que encuentro lamentable es el surgimiento de una pléyade de descubridores, entre ellos algunos cuya capacidad intelectual debiera llevarlos a investigar seria y responsablemente el tema de la migración, por lo menos en la vertiente que hoy comento, la cual está resultando pródiga en beneficios para quienes se regodean con el escándalo y para los que tratan de sacar raja política de la misma con su oportunismo.


[1][1] “lleva dos meses en el poder y su aprobación esta en el 39%. Seguro que el señor Trump lo considera una noticia falsa, pero si no muestra más respeto por la verdad, la mayoría de los estadounidenses concluirá que es un presidente falso”

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