En menos de 24 horas paso del trópico morelense al trópico tabasqueño, pero advierto que no hay cambio en la variedad de verdes, sobre todo en época de lluvias.

En el vuelo me percato que desde hace unos pocos días vengo leyendo noticias acerca de la muerte de Gustavo Cerati y me entero que el gobierno de su patria ha decretado dos días de luto nacional, lo que me hace ver que se trata de un homenaje a un héroe nacional. Aunque a otros, suelen dedicarles tres, en fin.

Cerati, que hoy ocupa grandes espacios en la prensa, fue un músico que hizo un notable aporte al rock argentino y, en general, al latinoamericano… Ahí me doy cuenta de que mi ignorancia rockera es inmensa y, supongo, irremediable a estas alturas del partido.

Sin embargo, alguna vez leí que se encontraba en estado de coma y, por lo visto, así permaneció durante varios años.

De modo similar, hace algún tiempo falleció en otras latitudes, después de varios años de permanecer en estado vegetativo, alguien también considerado héroe por gentes con otras perspectivas e intereses: se llamaba Ariel Sharon.

Más allá de los gustos, filias y fobias, se trata de dos casos que ejemplifican hasta dónde pueden llegar los recursos de la ciencia médica (o mejor dicho, los intereses crematísticos de las instituciones hospitalarias) respaldados por la opinión de los familiares.

Cada vez que sucede algo semejante, no tengo más remedio que preguntarme si alguien, sea quien sea, médico, familiar o grupos de ambos, tienen derecho a mantener con “vida” a alguien que ha salido de la órbita vital y no tiene perspectivas de retornar a la convivencia consciente con su semejantes.

¿Mi opinión? Mantener con vida a alguien en ese estado es inmoral.

Ahora hágame saber, querido lector, ¿usted qué piensa?

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