“El sol, una luz que a falta de una mejor palabra sólo puedo llamar amarillo, brillante amarillo que hace palidecer al amarillo limón. ¡Qué hermoso amarillo es! ”
Vincent Van Gogh

 

Amarillo de Cromo es un color fabricado por el químico francés  Louis Nicolas Vauquelin (1763 – 1829) en 1809, su uso se popularizó hasta 1870 fecha en el que se prohibió por su alto grado de toxicidad y poca resistencia a la luz. Cuando indagaba sobre el también  llamado Amarillo de París venían aproximadamente 35 tonos diferentes, sin embargo, al contener cromato de plomo tiende a oxidarse y obscurecerse. Pero en ese entonces nunca antes se había logrado tal vivacidad como con los pigmentos industriales, los cuales se convertirían en el sello distintivo de Vicent Willem van Gogh (Zundert, Holanda, 1853 – Auvers sur Oise, Francia, 1890), quien refería el uso de estos a las emociones y que le asignaba a cada uno un carácter propio. El amarillo estaba ligado a la felicidad, por lo que cuentan las malas lenguas que lo llegó a ingerir en su búsqueda.

El lunes 30 de marzo se cumplieron 162 años de su natalicio, y de repente mis redes sociales se llenaron de autorretratos y paisajes, obviamente en tonos amarillos; la que más se ve es “La Noche Estrellada” (Junio,1889) del MoMA -llegó al museo en 1941 después que la comprara el comerciante Paul Rosenberg en 1938- y mi foto preferida sigue siendo la del Monstruo Come galletas, y si todas las estrellas son amarillas como galletas de limón. Lo mejor del caso es que también esta invadida del #vangogh125, ya que el pasado 28 de noviembre de 2014, la Unión Europea presentó el lema “125 años de inspiración” en relación su fallecimiento en 1890, por lo que en Europa hay por lo menos 30 instituciones culturales trabajando en exposiciones, eventos culturales, aplicaciones, exposiciones digitales, recorridos en bicicleta, espectáculos de luz y publicaciones.

El nombre de Van Gogh trae consigo una carga simbólica tan grande que casi cualquier cosa puede ser nombrada Van Gogh, y tener éxito, ejemplos son el Royal Bank of Scotland nombró a uno de sus servicios Van Gogh Preferred Banking: “The Art of Wealth Management”; o una de las torres en Plaza Carso; o la banda española La Oreja de Van Gogh. Incluso no hay una sola forma de  pronunciarlo mientras que el director del Van Gogh Museum en Ámsterdam, Axel Rüger, lo pronuncia como si fuera [Fan Fogh], o en Alemania lo hacen con doble ff, ante la pregunta ¿Cuál es su pronunciación correcta? Es Vincent, como firmaba, ya que en ese entonces él se daba cuenta de este pequeño detalle, al igual que la nueva biografía gráfica de Barbara Stok enfocada en su vida  durante su estancia en “La Casa Amarilla” (1888) de Arlés, para una nueva serie de grandes artistas de la historia del arte.

Pero justo que Vincent llegara a las portadas de los periódicos, incluso en la prensa amarillista,  de todo el mundo rompiendo récords de ventas en subastas, principalmente a finales de los años ochenta como el “Retrato al Dr. Gachet” (1890) por más de 80 millones de dólares, o nuevos hallazgos como el “Puesta del sol en Mont Majour” (1888) en el 2013; o artículos sobre su muerte, incluida el volverse loco por comerse sus pigmentos, o sobre sus cartas, etc. No sería lo que es hoy si no es por una mujer.

Cuando fallece, influido por la ingesta de digitalina, cuya flor aparece en el retrato del Dr. Gachet, hay una exaltación visual al color amarillo; sin hijos, su heredero directo fue su hermano Theo; que justo tenía menos de dos años de casado y un pequeño niño llamado igual que su tío: Vincent; le envían todo a París, pero lo que no contaban es que Theo fallecería poco después de sífilis. Así que su esposa, Johanna Van Gogh (1862-1925) con menos de 30 años quedó viuda, con un hijo, cerca de 200 cuadros y más de 300 cartas de su cuñado. Al parecer no hay tanta información en relación a ella, pero sin embargo juega un papel central en el posicionamiento a posteori de Vincent.

Aunque para el último año de su vida ya había exhibido en el Salón de Independientes de París, en 1889, con la antes mencionada, “La Noche Estrellada” e “Iris” (1889), y en 1890 con 10 piezas; y que literalmente aún seguían en secado algunas de sus piezas logró vender una pieza en Bélgica: “El viñedo rojo” (1890), entre tonos rojos, anaranjados, amarillos y algunos verdes; y hacer intercambios con varios artistas, entre ellos Eugene Boch, pero en general apenas estaba comenzando su carrera.

Johanna, quien tenía estudios en Inglés y que había trabajado en el biblioteca del British Museum, decidió regresar a Ámsterdam y comenzar a trabajar en una labor de vida: la administración adecuada de la herencia de Vincent y tratar de sacar el mayor provecho de esto para poder sostenerse. La primera lección que aplicó fue considerar cada pieza como “muy rara, muy preciosa y muy importante en la historia del arte”, por lo que procuró colocarlas con personas que se identificaran con estas creaciones y que las supieran valorar como artistas (Gauguin, Toulouse-Lautrec, Degas), críticos de arte (Albert Aurier, Octave Mirbeao, Julien Leclercq), y posteriormente coleccionistas, que se sorprendía por la teoría del manejo del color a partir del contraste de los colores primarios y secundarios para focalizar las emociones mientras que el contraste en el “Café de Noche en Arlés” (1888), buscaba dar la sensación de opresión y tensión con el verde y el rojo; en “Recámara en Arlés” (1888) que con el violeta pálido de las paredes y lo amarillo de los muebles buscaba el reposo, descanso y sueño.

Para poder iluminar la creación pictórica de Vincent, Johanna, fue consiente que la correspondencia era esencial para esta tarea, por lo que en 1914 con la ayuda del editor alemán Paul Cassirer publicó por primera vez las “Cartas a Theo”, las cuáles después traduce al inglés, esto es importante porque ella vivió en Nueva York de 1915 a 1919, más su estancia en Londres antes de casarse le da una idea amplia del panorama del mercado del arte en esos días. Hoy en día esta correspondencia constituye uno de los elementos más importantes para autentificar las piezas, ya que en ellas habla mucho de su proceso creativo e incluyen bosquejos de las piezas en las que estaba trabajando.

Para 1896 el afamado marchante Ambroise Vollard realizó una retrospectiva con el retrato del joven “Armand Roulin” (1888), con un saco amarillo, y después en 1910 participó en la exposición “Manet y los postimpresionistas” curada por Roger Fry en Londres, la cual fue ampliamente criticada y, sin embargo, fue bien acogida por los artistas, poco a poco comenzó a ser más reconocido y el trabajo de Johanna no sólo fue la venta primeria de obra, sino también a prestar y promover la colección.

Tal fue su trabajo y respeto por la colección que le dedicó que su hijo Vincent Van Gogh, en lugar de heredarla a sus tres hijos, decidió que vender la colección al Gobierno de Holanda con la promesa de que la colección quedará junta en un museo. En 1973 se inauguró este museo, cuya pieza más querida, que no quiere decir la más famosa, es “Los almendros en flor” (1890) que le regaló a su sobrino cuando nació y que estaba en su habitación en París, cuenta la leyenda que esta pieza se coloca en la habitación del bebe en turno.  Sin embargo, una de las piezas más visitadas es, uno de la serie de 6 jarrones con girasoles que hay localizados –considerando que uno fue quemado durante la Segunda Guerra Mundial-, la segunda versión “Jarrón con catorce girasoles” (1889). Con la remodelación que inicio en 2013 y todavía continúa y la idea de mostrar la colección como una exhibición dedicada a la forma de trabajar de Vincent y a partir de una de las cartas, este cuadro flanquea junto la primera versión que es de la National Gallery de Londres el “Retrato de Madame Roulin” (1889). Esta serie la trabajó como bienvenida a Gauguin, y en palabras del propio Van Gogh estas flores significaban la esperanza, aunque hay otras versiones que tienen el fondo azul, lo importante de estas es lograr la mayor cantidad de matices y variaciones sobre un solo color, que en este caso también significaba la esperanza: las múltiples tonalidades del amarillo.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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