Realmente es para preocupar la estrategia del presidente Peña, si es que lo realizado así estaba planeado, o peor si no hay estrategia alguna y así se están dando las cosas; podría decirse que se planeó jugar la parte política al inicio y una vez sacadas las reformas estructurales iniciar el avance económico con base en ellas, sin embargo esto nos está costando retrocesos en competitividad, transparencia y avance del Estado de Derecho, y lo más importante nulo avance económico.

México cayó seis lugares en el Índice de Competitividad Global 2014-2015 del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), para ubicarse en el lugar 61 del ranking, con lo que se completan dos años consecutivos de retroceso.

Estos 24 meses que coinciden con los primeros dos años de la administración del presidente Enrique Peña Nieto, México ha cedido ocho puestos en el ranking, desde el sitio 53 que ocupaba al cierre de la gestión anterior”[1].

Los factores que desatan este descenso son principalmente; la calidad del sistema educativo que sigue sin cumplir las habilidades que exige una economía cambiante, y su bajo nivel de implantación de las tecnologías de la información y comunicaciones por una parte; y por otro lado, la desaceleración de la economía, la deuda pública como porcentaje del PIB, el subejercicio del gasto, la inseguridad y el marco tributario poco amigable para las empresas.

A lo que se le suman lo dicho por el Director de la Escuela de Economía de la Universidad Panamericana sobre el deficiente manejo del gasto, universidad que, por cierto, expidió el título de Lic. en derecho al presidente: “Hay que tener cuidado con el índice de deuda pues tenemos un gasto público apalancado como generador de crecimiento económico, lo que termina por ser una vulnerabilidad”.

El déficit fiscal tiene impacto en la parte de la competitividad; la tasa de impuestos como porcentaje de ganancias, estamos en el lugar 122, lo que habla claramente de una estructura tributaria que no fomenta la inversión, advierte.

Evidencia que el sistema tributario aún no fomenta la inversión. “Son loables los cambios constitucionales pero hay que hacer ajustes en políticas de colaboración vía política económica para fomentar más competitividad”.

El déficit público, es la diferencia negativa entre el Ingreso y el Gasto Público, lo que deviene necesariamente en un endeudamiento sea interno con los bancos instalados en el país a través de bonos y cetes, o externo con los Organismos Financieros Internacionales, el Banco Mundial, el FMI, el BID, etc.

Desde el primer presupuesto autorizado a Peña se advirtió sobre el déficit, que a pesar de la poca calidad de los gobiernos panistas, se había mantenido en cero como lo dejó Zedillo, pero ahora al aumentar, también aumenta la deuda pública y eso es un gran problema, pues como lo hemos dicho, hay que pagar intereses y eso deja menos dinero para beneficio social, y para invertir en obra pública, lo que resta atractivo a los inversionistas y genera desempleo.

Al respecto Luis Foncerrada Pascal, director del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), dijo que derivado de las deficiencias en el ejercicio del gasto público, el próximo año el déficit del gobierno podría alcanzar 40% como proporción del Producto Interno Bruto (PIB); y hablar de un déficit de 1% es una mentira “podrida”[2].

En el mimo sentido pero con otro enfoque, muchas organizaciones civiles han hecho hincapié en la transparencia, por ejemplo: Juan Pardinas, director general del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), quién evidenció la necesidad de generar estimados económicos y fiscales objetivos, por lo que se debe modificar la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria para que incluya una obligación de publicar las metodologías usadas en la elaboración de los criterios generales de política económica y de las proyecciones fiscales.

Además, mientras “el desvío de los recursos económicos para educación alcanza los 35,000 millones de pesos; la educación de calidad es la piedra angular para convertirnos en un país competitivo y productivo”, sostuvo David Calderón, director general de Mexicanos Primero.

Con ello tendríamos problemas mayúsculos que superar para lograr un crecimiento ya no del 5 % del PIB, anhelado por todos, sino del 3.5 que es el mínimo para no caer más. Sin embarbo, tenemos que agregarle la corrupción donde según Transparencia Internacional pasamos del lugar 105 al 113 entre 177 países.

Además, en cuanto a violencia El Índice de Paz Global 2014, publicado este lunes, calcula que el costo para contener la violencia en el país equivale a 9.4% del Producto Interno Bruto (PIB) y a 1,430 dólares per cápita. En noviembre del año pasado el IEP advirtió, a través del Índice de Paz en México 2013 (IPM), que los estados más pacíficos han experimentado un crecimiento anual de más del doble que los estados más violentos.

Este estudio también muestra que si todos los estados fueran igualmente pacíficos que Campeche -la entidad más pacífica del país- México obtendría un beneficio económico de 2.26 billones de pesos, lo que equivaldría a pagarle a cada individuo ubicado por debajo de la línea de pobreza un salario mínimo por dos años completos.

Total, violencia, desempleo, pobreza, desigualdad, e incompetitividad, son el signo de nuestros tiempos y solo veo un Presidente en Campaña que me da promesas y más promesas.

 

[1] Yolanda Morales.- “Reformas no evitan desplome en competitividad” en El Economista, diario, 3 septiembre 2014

[2] Paulina Gómez Robles.- Déficit público se debe revisar; podría alcanzar 40% del PIB en El Economista, diario, México, 4 Septiembre, 2014

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *