A propósito de los dos acontecimientos fundamentales para la educación de nuestro país, como lo son los 90 años de autonomía universitaria de la UNAM y las recientes inconformidades manifestadas por la comunidad politécnica, por la aprobación del nuevo su reglamento, habrá que tener en consideración la importancia y relevancia de ambos temas en la agenda nacional.

La Universidad Nacional Autónoma de México surge a partir de la conformación de las distintas facultades y escuelas que datan del tiempo de la colonia, José Vasconcelos encabezó los esfuerzos para fundar lo que hasta ahora es la máxima casa de estudios de nuestro país.

Por otro lado el Instituto Politécnico Nacional, nace en la presidencia del general Lázaro Cárdenas, como consecuencia de la expropiación petrolera de 1938, quien intuye la importancia de generar mano de obra y conocimiento calificado en el ramo, para poder hacer frente al cerco que las empresas extranjeras impondrían, derivado de su salida del mercado energético de nuestro país.

Ambas instituciones se han consolidado como referencia en cuanto a la educación, divulgación, desarrollo y generación de nuevo conocimiento en nuestro país. Esto las convierte en únicas y fundamentales para los retos que México enfrentará en el corto plazo con la adopción de la nueva política de apertura total en nuestra economía y del como esta trastoca todos los procesos políticos y sociales.

También son las únicas con una visión de compromiso con el desarrollo social de nuestro país, la Legislación Universitaria y el Reglamento Interno del IPN tienen como objetivo fundamental la contribución a cuestiones de carácter social, eso las convierte en instituciones únicas y piedras angulares del interés educacional nacional, de sus aulas egresan licenciados, Ingenieros, doctores, biólogos, químicos, astrónomos, entre otros, comprometidos con el desarrollo parejo de México, por decirlo de la manera más clara son las principales instituciones educativas de nuestro país y con una mayor carga social por tanto, las únicas que se les puede atribuir el interés nacional.

En últimas fechas se ha cargado en estas dos grandes instituciones atribuciones que de valores cuantitativos y no cualitativos de la vida del estado mexicano, se les presiona para ampliar sus matrículas derivado de las fallas estructurales del sistema educativo de nuestro país, en lugar de exigirles mejores profesionistas, investigadores y seres humanos. En ellas descansa gran parte de su obligación de educación media superior y superior en ambas escuelas, que dicho sea de paso contribuyen y seguirán contribuyendo en casi la totalidad de la investigación de nuestro país.

Pero las fallas y omisiones del estado no son las únicas presentes en este debate, ambas instituciones tienen una deuda con México, desde hace tres décadas no han sido capaces de levantar la voz lo suficiente para hacer frente a un modelo de país que excluye el ámbito social del desarrollo parejo que todo estado democrático tiene por obligación, la mayoría de sus estructuras se han anquilosado en la comodidad de los beneficios que les representa estar dentro de un sistema que reproduce directivos alineados con el sistema, profesores adormilados por la inyección letal de la necesidad, alumnos vapuleados por la realidad de un sistema que los rechaza por pertenecer a una corriente del pensamiento diferente y trabajadores repitiendo malas prácticas de sindicatos prevendistas.

Esta semana y como resultado de un pésimo cálculo político de las autoridades polítecnicas, podría ser el momento propicio para que se establezca dentro de la agenda nacional un debate olvidado, el de los derechos sociales, con  la conmemoración luctuosa de un año más de la matanza de los estudiantes el 2 de octubre de 1968, se presenta el momento propicio para que las fuerzas, durante décadas perdidas, levanten la voz por la mayoría de los mexicanos que invierten en su educación muchos miles de millones de pesos, quizás sea el momento que una corriente del pensamiento diferente al dominante, se introduzca en el consiente colectivo de nuestro país.

Ambas instituciones viven momentos diferentes, para la UNAM es momento de revalidar su autonomía con una posición clara y contundente de su visión de país, pero este cambio debe de venir desde dentro arriesgarse a cambiar las viejas ataduras, para el “Politécnico” es el momento de sentar las bases a la transformación de un modelo dotado de autonomía que contribuya a fortalecer su posición estratégica para el desarrollo energético de nuestro país frente a instituciones de educación superior a nivel mundial.

Hasta la próxima.

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